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Las elecciones del 1962 se caracterizaron por lo que faltaba en la sociedad

Volver a esa centralidad de lo ético, de lo inobjetable y de lo significativo históricamente, le va a tomar bastante tiempo a la República Dominicana

Escrito por: Rafael P. Rodríguez
El Nacional

 No hay política sin estrategias. Estas son fórmulas, muchas de ellas, de distracción y en cierta medida, de engaño del enemigo ocasional.

La política toma el contenido de una guerra psicológica cuando arriba al   tramo de campaña abierta.

A todo proceso político le suceden eventualidades y concreciones.

Lo inespecífico se queda en otros ámbitos de la vida social de los pueblos.

La política tiene que ser actuante y los políticos, los dueños del escenario (a los que sigue la multitud) aunque no de la carpa.

El  evento electoral que vivieron los dominicanos en 1962 tiene tantas partículas de pureza como de visión primaria, casi libre de sospechas.

Se halla más eficientemente caracterizado  por lo que no tuvo que por lo que abundó en su discurrir.

No hay un proceso más cristalino que aquél en todo el discurrir del siglo xx dominicano.

Volver a esa centralidad de lo ético, de lo inobjetable y de lo significativo históricamente, le va a tomar bastante tiempo a la República Dominicana.

Sobre todo, después que hay un predominio esencial del factor dinero a tal extremo que quien no cuenta con recursos casi ilimitados no gana unas elecciones aquí.

Un partido entonces “emergente”, el Revolucionario Dominicano, que entonces llevaba  como candidato presidencial a Juan Bosch, utilizó la consigna “vergüenza contra dinero” que ahora se cierne impracticable en unas elecciones en la que predominen los dos “grandes” del panorama nacional, el derechizado y contaminado Partido de la Liberación Dominicana y el PRD, cuyas características no contienen diferencias notables con su actual rival.

La Unión Cívica, claramente era el partido de la derecha, de la oligarquía renaciente a partir del descabezamiento de la tiranía, de la embajada estadounidense, de la jerarquía católica, de los militares que, finalmente, decidieron enlodarse con la historia al producir la caída del primer gobierno salido de la libre opinión de la mayoría de los dominicanos.

En las elecciones de 1962 no se conoció la compra (o la oferta) de votos, los candidatos no se vilipendiaron hasta la saciedad, como es lo usual ahora, no había la sofisticada tecnificación de hoy (ni se soñaba siquiera), el candidato ganador  se entregó por entero a cumplir todas y cada una de sus ofertas de campaña, lo cual colocó en alerta a los grupos poderosos de presión que comenzaron a conspirar.

No hubo muertos ni heridos.

No se ensordeció ni paralizó a la gente con  insólitos conjuntos de altavoces capaces de poner a sangrar los tímpanos, hacer enloquecer y saturar el ambiente de polución auditiva.

No se hicieron encuestas, no se colocó propaganda importante en los medios televisivos y el más eficaz y abarcador, que apenas llegaba a la zona rural, que entonces era mayoría, era la radio.

El campo decidía elecciones hasta los años setenta en la República Dominicana.

La pizarra escolar fue el instrumento básico para la anotación de resultados y aún se siente su utilidad en algunos puntos lejanos del territorio nacional.

No hubo denuncias de fraude, pese a las condiciones precarias en que se trabajaba debido al atraso social dominicano, en vista de que el “benefactor de la patria” dejó al país en la miseria y sus familiares se llevaron al exterior todo lo que pudieron  cargar.

El partido blanco, debido a su conformación con individuos de la clase media, castigada por el exilio, en su mayoría, no se proponía, pese a su nombre, hacer la revolución social dominicana.

Su trabajo inicial consistía en erradicar la dictadura que se enseñoreaba del país desde 1930, traer un clima de libertad al país, y desarrollar un gobierno que propiciara  reformas, lejos de lo que pudiera llamarse socialismo de cualquier tipo.

Sin embargo, los grupos de poder predominantes, aunque desprendidos del sentimiento de cambios que invadía a la población y enemistados con ella, vieron en esas reformas tímidas un asomo de “comunismo” que era el “monstruo” entonces de moda en aquellas naciones desarrolladas de cuya órbita la República Dominicana comenzaba a reforzarse, solapadamente, de satélite, mientras que casi a su lado triunfaba la revolución cubana, que sí se proponía cambios  significativos.

UN APUNTE

El triunfo

Las elecciones de 1962 las ganó el PRD, cuyas características eran notablemente diferentes.

EL DATO

El reformador

El profesor Juan Bosch logró captar a los electores con su discurso conciliador y promotor de las reformas económicas y políticas, pero al adoptar las medidas reformadoras fue objeto de conspiración.

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Escrito por en jun 12 2012. Archivado bajo Multimedia, Reportajes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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