OPINION: Desmontemos la violencia

Por María Valdez

A raíz del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se conmemora cada año el 25 de noviembre y a raíz de que soy madre de tres niñas, he intentado bucear por el interminable oceano de la violecia, para saber dónde nace, cómo crece, cómo se reproduce, pero sobre todo cómo podría morir. Año tras año se conmemora este día, cada mes y en todas partes del mundo se manifiestan cientos de organizaciones reclamando la protección a la mujer pero al parecer el enfoque de estas demandas no está bien enfocado porque la violencia no se detiene, más bien aumenta.

Más de 60 casos de feminicidios en lo que va de año, pero la Procuraduría General de la República pretende hacernos ver su eficiente labor porque en el 2019 se ha reflejado la taza más baja en 14 años, eso es positivo, sin embargo, es momento de que entendamos que una sola víctima debe ser motivo de alarma y eso se logra con el fortalecimiento del régimen de consecuencias.

Son muchas las mujeres asesinadas, cabe destacar, que en la mayoría de los casos, un segundo después de la mujer asesinada se registra un hombre suicidado, esto levanta una “bandera roja” que nos llama a entender que la violencia no es algo propio del hombre, sino un factor general que se ha convertido en estilo de vida de nuestro pueblo, implantado, motivado, aceptado y muchas veces aplaudido en el seno de los hogares donde nacemos y en el resto de la sociedad donde crecemos.

Violencia Implantada: porque desde pequeños a las niñas y niños se les indica como actuar según los roles que le corresponde a su género, siendo el error en este caso, no los roles, sino sus estructuras, que siguen mostrando a uno superior al otro, en cuanto a fuerza física y mental, un “chip” que puede ser implantado en ambos sexos y lo aclaro porque mientras la pasión no nos deje ver que también al igual que hombres violentos, hay mujeres violentas, no daremos con la corrección del mal y seguiremos comprando boletas para el “drama trájico que nunca termina”. Mientras no entendamos que hombres y mujeres somos jugadores de un mismo equipo, no de equipos contrarios, seguirán las ribalidades, las comparaciones y la competencia y por consiguiente, las tragedias.

Violencia Motivada: no se puede desvincular la violencia de género de global, de hecho el modo en que las sociedades se conducen, son administradas y dirigidas determina una influencia generalizada en todos los aspectos de la vida del ser humano. mientras las mujeres y los hombres bailen pega’o y “tarareen” a una voz decenas de canciones que describen lo “divertido que es ser infiel” o “lo interesante que es acostarse con la mujer de su amigo” o que definan a a la mujer como un objeto; mientras las revistas televisivas, los programas radiales, al igual que las publicitarias, sigan mostrando a la mujer como un producto en venta y las mujeres permitiéndolo y los hombres a su vez creyéndose con derecho a “comprarlo el producto”; mientras esas informaciones tóxicas sigan implantándose en la psiquis de las personas, no se detendrán los abusos, los feminicidios y suicidios con temática de género. Hasta que no se fortalezca el códico procesal penal de manera tal que quién cometa un acto de violencia sea procesado y castigado en su justa medida, con cumplimiento de penas más fuertes, no se acabarán las malas noticias en este sentido y tal rigurosidad debe ser aplicada a ambos sexos, hombres violentos y a mujeres violentas.

Violencia Aceptada: la violencia no empieza con un asesinato, es ahí donde termina. Nuestra sociedad ve como algo normal que las personas se lastimen unos a otros con insultos, desmérito, calumnias, envidia, estorsión, manipulación a la pareja, a los hijos, a los padres, así como cometiendo actos de corrupción que laceran los intereses colectivos. Tendemos a creer que estas anormalidades son propias de las personas, nos conformamos con decir “somos humanos”, “debemos aceptarnos como somos” ahí es donde vivimos en la aceptación que nos lleva a exterminarnos unos a otros, es importante que nos demos cuenta que en muchos de los casos el asesino, hacía tiempo que ya estaba muerto, que el hecho fatal, no es más que el desenlace de una larga cadena de maltratos y muchas veces estas historias han tenido espectadores silentes, ya sea familiares u otros miembros de la comunidad quienes se acallan con la famosa frase “En pleito de marido y mujer nadie se puede meter”, ese silencio también representa un crimen.

Todos podemos ser violentos, aunque duela admitirlo. Ha de entenderse que la violencia nace de la fustración y esta a su vez tiene una amplia relación con la miseria y la ignorancia que proviene de la ausencia de educación integral, y de las necesidades básicas del ser humano no cubiertas, tal como es el caso de la República Dominicana, donde históricamente los gobiernos han prestado más atención a lo que puede hacer “ruido visual” y de ese modo “embriagar” al pueblo de espejismo y no han fijado su atención a reforzar y proteger la integridad de la familia, a crear programas que promuevan los valores y a desarrollar un sistema de educación que enaltezca las potencialidades de nuestros ciudadanos.

Y qué se puede decir de mujeres violentadas por otras mujeres? En los lugares de trabajo, de estudio, en los círculos sociales, se nota la competitividad mal sana que sostienen muchas mujeres unas con otras. La Sociedad misma las lleva a competir entre si, por un espacio, por un marido o por un estilo de vida, es un problema cultural que esta sociedad que se hace llamar moderna debe combatir. Mujeres unidas transforman el mundo, esa debe ser la consigna. El solo hecho de que la naturaleza las haya seleccionado para concebir las dota de una sensibilidad especial, esa sensibilidad combinada con la educación convierte a la mujer en un ser extraordinario, no superior al hombre es importante señalar, ojalá podamos todos darnos cuenta de que hombres y mujeres no son iguales, y que Bueno! Porque sus diferencias enriquecen la existencia, ese complemento único bien encauzado es la combinación que mantiene la buena dinámica del mundo.

Es hora de empoderar a la mujer con lo que ella representa como ente social, ni es víctima, ni es inferior, ni es vulnerable, paremos los calificativos que son los que históricamente las han matado. Basta de exigencias sociales desmedidas con respecto a su imagen, la mujer no tiene que parecer bella para competir con nadie, para ganar un espacio o ser tomada en cuenta, la mujer ya es bella cuando logra conocerse, aceptarse, amarse y cultivarse, punto. Estos son valores que debemos implantar la crianza y promover en la sociedad.

Finalmente, les cuento que a veces sueño que desaparece toda forma de violencia y en ese sueño también veo como con la violencia, al mismo tiempo desaparecen cientos de canciones que la inspiran, decenas de programas radiales y televisivos que la motivan, miles de organizaciones que en el mundo dependen de ella para existir, cientos de marchas suspendidas después de un arduo trabajo de organización, y miles de sermones desmoronarse en las iglesias, entonces despierto y me invade el silencio, por qué? se los dejo de tarea.
*La autora es presidente del partido País Posible en Nueva York, donde reside.