El Ciego Tomás

 
Aquellas manos temblorosas acariciaban con lisura  el rostro de la joven mujer, sus sutiles olores femeninos devolvieron la sonrisa a don Tommy esa tarde calurosa de julio. obviando el bullicio eterno de la ciudad de New York, se fundieron en un largo beso y  abrazos que hablaron respondieron tantas interrogantes de la ausencia que sumió al hombre en la más cruel y devastadora depresión. 

Sobraron tantas palabras, poder mirar para el esbelto hombre, no fue relevante para despertar aquél amor dormido en la joven mujer de cabellera larga y sedosa, oriunda de Barranquilla, Colombia.

Ella fue sus ojos, su bastón para deambular como enamorados por tantas ciudades, que recorrían a pesar de la enorme diferencia de edad entre ambos.

El amor cuando se manifiesta revive muertos, así vivía el hombre hasta que Martha Ávila, retornó desde Colombia, a sus brazos.No necesitó su vista, narró con paz y alegría, con la sola presencia de la dulce mujer, su ojos verdes tuvieron luz en la oscuridad.