A Pleno Sol: Los salarios

Por Manuel Hernández Villeta

El salario es un espejismo. No retrata fielmente bienestar tangible  para el que lo recibe. La inflación convierte un salario regular, en simple papel. Con el peso al cincuenta por un dólar, estamos por debajo de la cuerda floja. Nunca los aumentos salariales han sido exitosos en el país.

Es una irrealidad, pensar que el desarrollo nacional vendrá con un nuevo aumento general de salarios. A costa de mucha lucha, las centrales sindicales aceptaron un salario máximo de unos 13 mil pesos y mínimo de seis mil pesos.

Pero cuando vino a ser finalmente fijado el salario mínimo en 13 mil pesos mensuales, ya todos los productos de primera necesidad habían sido reajustados. Los servicios médicos se dispararon y los chóferes de carros públicos  pusieron una nueva tarifa.

El sector patronal es reacio a fijar un salario justo para sus  trabajadores, a duras penas le paga un seguro médico casi de ley y pocos tienen bonos por vacaciones. El salario si es manejado de forma aislado, no significa nada. Lo primero es controlar la inflación, evitar que los precios de los productos y servicios aumenten.

Si hubiera control del agiotismo, poco importaría que los salarios fueran bajos. Si el dólar no estuviera devaluando al peso dominicano, poco importaría el monto de los salarios. ¿Qué beneficios deja ganar 13 mil pesos mensuales, cuando  para comprar un dólar hay que invertir poco más de 50 pesos?. Hay que tomar en cuenta que la economía dominicana es dolarizada, y que el signo monetario norteamericano es el que norma la vida nacional.

Es importante que haya un reajuste general de salarios, de acuerdo al proceso de flotación de la moneda. Pero al subir los sueldos, hay que bajar los precios de los comestibles y de las medicinas. Si no se hace así,  con dos o tres mil pesos de reajuste, la familia dominicana podrá comprar menos que antes de que le convirtieran en realidad su querido aumento. El solo aumento de salario no será un bálsamo salvador. ¡Ay!, se me acabó la tinta