El Tiro Rápido: La Seguridad Social al desnudo

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Por: Mario Rivadulla

El tema de la Seguridad Social está a debate con sus fallas y limitaciones, y en particular por las reducidas pensiones que se advierte recibirán los afiliados al momento de acogerse al retiro,  y cuyo monto oscilaría entre apenas el 23 y 27 por ciento del sueldo percibido, cantidad  que condenaría a los pensionados a quedar sumidos en un virtual estado de marginalidad y miseria.

Esta prevista realidad, cuando ya ha transcurrido algo más de la mitad del tiempo en que comenzarán a entrar las primeras solicitudes de pensión de quienes hayan arribado a la edad de sesenta años y aportado 360 cotizaciones al sistema, ha provocado toda una serie de opiniones y propuestas de corte populista, sin la menor base de apoyo, mediante las cuales se están creando falsas expectativas sobre la realidad de la Seguridad Social y los correctivos requeridos para poder mantener su sostenibilidad financiera y mejorar en alguna medida el monto de las pensiones.  En algún caso, inclusive, se ha llegado al absurdo de ofrecer la posibilidad a todas luces ilusoria de que el monto de las pensiones pueda ser un cien por ciento del último salario, como si fuese algo que pudiera resolverse con el toque de una inexistente varita mágica.

Ayer precisamente tuvimos en Teledebate la orientadora participación de Arismendi Díaz Santana, principal arquitecto del actual sistema de Seguridad Social elaborado en base a amplios estudios actuariales de una de las más calificadas firmas internacionales en la materia, contratada en su momento para ese fin.

Su exposición puso al desnudo toda la cruda realidad del sistema de la Seguridad Social que prácticamente ha colapsado a nivel mundial y obligado a severos reajustes de distinta naturaleza.  Así, 76 países tuvieron que aumentar la tasa de cotización en el sistema de reparto;  54 se vieron obligados a elevar la edad del retiro y 67 a reajustar la fórmula para calcular las pensiones o disminuyeron directamente sus beneficios.  Se prevé, inclusive, que la insostenibilidad de los sistemas y las cuantiosas obligaciones financieras acumuladas de imposible cumplimiento,  pudieran poner en serio riesgo la estabilidad de las principales economías del mundo: Estados Unidos, China, Japón,Canadá, Australia y el Reino Unido, entre otros. Con mas razón hay que imaginar lo que ocurriría con economías como la nuestra.

El problema, pues, no es exclusivo de nuestro país, sino de carácter mundial.  Y no como únicas pero si como principales causas figuran por un lado, la disminución de la población joven sobre la cual pesará la carga de soportar el peso económico del sistema, y en cambio, el aumento de la población envejeciente destinada a recibir sus beneficios; y por el otro, al aumento de las expectativas de vida, lo que obligaría al sistema a extender sus beneficios una mayor cantidad de años de lo esperado y calculado.   En el caso de Latinoamérica, nuestro país incluido, mientras en 1955 el promedio de vida era de 51.2 años con  7 años de pensión,  en el 2015 se había elevado a 74.6 con 18 años de pensión y para el 2050 será de 81.7 con ¡26 años de pensión¡

Vivir más y con mejor calidad de vida es un avance significativo fruto de un estilo de existencia mas sano, impresionantes logros de la ciencia médica,  vacunas más efectivas para evitar las enfermedades y medicamentos mas potentes para curarlas.  Pero en el caso de la Seguridad Social y el sistema de pensiones impone a su vez indispensables reajustes.

Silenciar esta realidad es mentir a sabiendas o por ignorancia, creando falsas expectativas a la gente sobre las posibilidades de la Seguridad Social bajo las condiciones presentes.  Esta, insistimos, no puede ser tema  manejado a base de populismo irresponsable ni demagogia política sino de acciones efectivas sustentadas en serios estudios técnicos. No es con curitas ni medidas coyunturales ni impovisadas, sino con estudios actuariales bien elaborados.  No hacerlo así equivale a  un engaño. La única realidad es que o introducimos los profundos cambios necesarios o al final del camino, cuando llegue el momento de la verdad sufriremos la más amarga y penosa desilusión.