El Tiro Rápido: La UASD y el programa de nivelación

Por: Mario Rivadulla

Sin dudas la Universidad Autónoma de Santo Domingo está guiada por el mejor deseo con la aplicación de su costoso programa de nivelación o remediación, que según la rectora, profesora Emma Polanco, consume un elevado porcentaje de su presupuesto.

Cada año tocan a las puertas de la Primada, miles de bachilleres, que de tales solo poseen el título otorgado de manera complaciente e indebida, pese a que sus beneficiarios acusan enormes grietas en su caudal de conocimientos.

Para ellos es que se creó y mantiene el referido programa  para el cual es preciso contratar profesores, en un intento por tratar de rellenar en pocos meses los grandes vacíos de conocimientos que han ido acumulando durante años a lo largo de su proceso escolar, inicialmente en la Primaria, donde en acto reciente el presidente de EDUCA, Samuel Conde, reveló que apenas doce de cada cien alumnos de tercer grado pueden leer con fluidez e interpretar el contenido, y posteriormente en los grados de secundaria, donde las lagunas que arrastran terminan por ensancharse aún mas.

De entre este nutrido contingente, buena parte aspira a insertarse nada menos que en la carrera docente.  La mayoría, hay que decirlo por más crudo que suene, carece de auténtica vocación. Tampoco disponen de la preparación mínima que requiere la carrera docente.  Les guía el por demás humano propósito de poder insertarse en el sistema educativo y recibir mensualmente un salario que les permita subvenir a sus necesidades en condiciones más holgadas, tomando en cuenta  el atractivo adicional de  los beneficios e incentivos que ha venido recibiendo la clase magisterial a partir de la vigencia del cuatro por ciento.

Prueba al canto: de los 10 mil 353 estudiantes que fueron examinados para ingresar a la Facultad de Educación, tan solo 3 mil, o sea, menos del 30 por ciento aprobaron la Prueba POMA (de Orientación y Medición Académica); únicamente mil 500 optaron por la beca de Excelencia y solo fueron escogidos 272.  El resto, 7 mil 353, fueron enviados a nivelación, donde por mas que se quiera, las posibilidades de establecer una base sólida para formar los maestros que requiere una educación de calidad van de muy pobres a simplemente inexistentes.

Pero hay más.  Al presente, en las aulas de la Facultad de Pedagogía toman asiento mas de 39 mil estudiantes aspirantes al magisterio.  Sin embargo, la propia Rectora advierte que según ha señalado el Ministro de Educación Andrés Navarro para un total de 60 mil alumnos que cursan la carrera docente en las distintas universidades que ofrecen la misma, solamente existirán disponibles  unas 20 mil plazas.  O sea, que de cada tres graduados, únicamente uno podrá lograr un empleo como maestro.  Tendremos por consiguiente una población flotante de cuarenta mil maestros graduados que tendrán de guardar el título, dedicarse a otra actividad o tratar de emigrar.

De viejo ha venido manoseándose el tema  de adecuar la enseñanza en las universidades, tanto la pública como las privadas, a las reales necesidades de  desarrollo de  la economía y posibilidades de encontrar espacio en el mercado laboral.  Inclusive se han llegado de elaborar distintos estudios en este sentido, cuyos orientadores indicativos como sucede en tantos otros casos son luego desechados y lanzados al zafacón de los “archivos muertos.” El resultado es que seguimos teniendo una serie de carreras superpobladas que no responden a esos requerimientos, y otras en cambio, carentes de suficiente personal nativo calificado lo que obliga a la contratación de técnicos y profesioales extranjeros.

La UASD tiene que plantearse muy seriamente si va a seguir dando vía libre a todo el que pretenda ocupar asiento en un aula aunque no disponga de la vocación, los conocimientos y la capacidad mínima indispensable para cursar un carrera con alto nivel de aprovechamiento, o seguir graduando de manera masiva a profesionales mediocres y de baja calidad, junto a otros que por el contrario están en capacidad de rendir un servicio meritorio a la sociedad.   Y dentro de esta realidad, examinar con exigente ojo crítico, los reales y positivos resultados del costoso programa de nivelación.

Del mismo modo es preciso limitar el acceso a carreras superpobladas, que como en el caso señalado de la docencia, al final del camino van a encontrar cerradas las posibilidades de desempeñarse en la carrera que hayan escogido, donde los únicos que tendrán una mínima oportunidad de insertarse son los que prueben disponer de condiciones realmente excepcionales.

En definitiva, una universidad, aun la misma UASD, no puede convertirse en un ejercicio de populismo, en un centro de estudio abierto a todos de manera indiscriminada, sino solo a los que realmente demuestren disponer de reales condiciones para cursar una carrera con adecuado nivel de aprovechamiento y salir de ella convertidos en  profesionales de alta calidad.

Las puertas de la UASD no pueden seguir abiertas de par en par. Tampoco en modo alguno cerrarlas a cal y canto. Basta con mantenerlas entornadas para que por ellas solo pasen los que realmente califiquen para poder realizar estudios superiores con adecuado nivel de aprovechamiento

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