“Por la esquina del viejo barrio, le ven pasar…”… Rubén Blades y el documental necesario…

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Yo no me llamo Rubén Blades, recibió aplausos de cinéfilos y músicos que aplaudieron, tras el último fotograma.  El ultimo chance de verlo es el sábado 13 de octubre  en FICFA 2018 en Novo Centro.

Jose Rafael Sosa

Yo no me llamo Rubén Bladeses el documental de mayor impacto artístico, entre los seis que expone el IX Festival Internacional de Cine Fine Arts, que actualmente desarrolla sus proyecciones hasta el miercoles 17 de este mes.

Su plato de miel es presentar la trayectoria de una leyenda artística viva, responsable del giro temático-social que adoptó la salsa en su revolución de los anos 70, cuando la vigencia de la “Fania All Stars”,elevó ese ritmo latino en la memoria musical del mundo. Y de hacerlo, lo perpetra muy bien, de la mano de ese artista.

Una pena que no haya sido más cine documental, pero la falencia se cubre ampliamente por el carisma del verdadero narrador de si mismo. Fueron los 88 minutos mas emotivos, musical y socialmente, en el curso de Festival Fine Arts.

El documental lleva al espectador a seguir el recorrido guiado por Blades, mientras camina tanto en los barrios populares de Ciudad de Panamá como en Nueva York, exponiendo una personalidad digna de homenaje, que introduce la gente a su apartamento, su colección de comics, las fotos y carteles promocionales.

El legado de Blades ya estaba garantizado con el impacto de sus canciones:  Paula C, Pedro Navaja, Amor y control, Decisiones, Plástico, Tiburón, Camaleón, Buscando Guayaba, Patria, Creo en Ti, pero es claro en la intención de producir este documental: contar el mismo su historia, dar su versión sobre su obra, evitando que, una vez que el desaparezca, sean otros los que interpreten lo que deja como aporte artístico.

El trabajo, testamento en vida del escritor y cantante, emociona, resulta sincero a extremos que sorprenden al presentar información familiar “inconveniente” y poco potable para las relaciones publicas, emociona, genera nudos en la garganta y produce explosiones de orgullo y alegría al recorrer los éxitos y conciertos de Blades, algunos de carácter histórico.

Como obra cinematográfica, hay aspectos dejados al descuido: esta ausente una mano firme que dirija la cámara, que le inscriba en un discurso cinematográfico expresivo que le sume valores de producción, en lugar de acomodarse a que sea el carisma del personaje expuesto el que lo llene todo, papel que hace bien, pero en desmedro de dar oportunidad a que el documental sea el medio de expresión, no solo el sujeto enfocado durante los 88 minutos de extensión.

El director, el panameño Abner Benaim, se recuesta más de lo debido en lo impactante y trascendente de la de la oportunidad de haber dejado una obra de cine que valiera por si misma, aun cuando el personaje central fuera otro.

Blades impacta al espectador con una humildad y sencillez en el estilo de vida, ofreciendo el ejemplo de trabajo en NY, como mensajero de la correspondencia de la Fania, hasta que un vacío inesperado, dejo sin vocalista la orquesta de Ray Barreto, y alguien dijo “Hay un panameño que escribe y canta”. Ese fue el inicio que lo puso a debutar ante 19 mil personas en NY.

Volverá a ser proyectado. Ojalá que nadie amante de la música latina y del documental de reencuentro latino.