A un año del paso del huracán Maria: lo que fue, sus huellas y lo que falta

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“Entre lágrimas y desconcierto nos aferramos a nuestra fe. Entre la desesperación y la ilusión, nos aferramos a lo mejor”.
 
Por Jacqueline Tineo
20 de septiembre 2018 , Killen Texas. – Las Palabras se las lleva el viento, los pensamientos son interrumpidos por el voraz tic tac del tiempo. Se marchitan las lágrimas enmudecidas, y el nudo en la garganta sepulta el adiós de un hasta luego o un hasta siempre. Manos atadas, corazones llenos de agujeros polvorientos, con olor a sombra, desconcierto, con olor a muerte. Un camino difuso, un sol distinto. Nada es igual. Entre la desesperación y la ilusión, nos aferramos a lo mejor, sin saber el color o el sabor de los que otros cocinan.
Entre mentiras y verdades vagamos en un pedazo de tierra que para la mayoría es tierra de nadie pero para un puñado, es lo mejor y van tras la conquista de un tesoro.
El espejo de un fenómeno llamado Huracán MARIA, nos hizo ver el reflejo de una realidad que vivía disfrazada de apariencias, y que al pasar los meses ha quedado desnuda una Isla con dos grandes alas: Una que emana esperanza contra vientos y marea, aferrada a lo posible, aferrada a la vida y la Otra, aquella que destruida por los buitres silenciosos de la codicia, del desdén, y la soberbia, se presentan como ovejas salvadoras y no son más que lobos endemoniados. Aquellos que disfrazan sus mentiras, egoísmos, demagogia hostil y aberrante por “aquí estamos para ayudar”… Y así fueron pasando los días, los meses, y hoy, a un año del huracán  María, podemos hablar de un antes y un después de lo que es Puerto Rico.
No dormimos, y es que no se podía. Las casas inundadas de agua. Incontables fueron los cubos de agua que sacamos de mi casa, pusimos a los niños a ayudarnos como si fuera un juego para no asustarles, era una de nuestras estrategias como padres para evitarles un trauma. Por suerte, no se nos dañó todo.
Desde temprano ya estábamos sin energía eléctrica. Y nos decíamos: Si este huracán llega a ser como escuchamos en las últimas noticias, categoría 5, tardaríamos semanas o meses en tener energía o en recuperarnos. No fue así. Fue peor… Sin agua, sin luz, sin combustible. Los días siguientes llegamos a hacer filas de hasta 12 horas para comprar 10 dólares de gasolina. No dormíamos para ir a hacer filas en las madrugadas. Los supermercados abarrotados, las filas interminables bajo el sol. No había  alimentos frescos, sólo alimentos no perecederos.
Las alarmas sonaron , bomberos, rescatistas, helicópteros, sonaban voces que estaban desalojando a las personas que vivían cerca de la represa de Guajataca en Isabela, nosotros vivíamos cerca, no tan cerca, pero La caravana de vehículos, gentes caminando, nos dio pánico, y peor, aún sin energía eléctrica para poder ver… la luna y las estrellas también nos habían abandonado en esas noches tan oscuras. Rumores de policías arrastrados por la corriente, fueron desmentidos, pero desgraciadamente, dos agentes fueron arrastrados por las corrientes del  río Culebrinas en Aguadilla.
Sólo una estación de radio se mantuvo durante las horas más terribles del huracán, Wapa radio.  A través de ella escuchábamos las travesías de los pueblos y sus necesidades urgentes. Niños que nacieron en pleno huracán… Gente desesperadas pidiendo auxilios… puentes derribados, familias aisladas… el panorama era devastador y hasta aterrador.  Todos nos ayudábamos como podíamos. Mientras miles iban saliendo por avión o por el Ferries hacia República Dominicana, y de ahí a USA, otros nos quedábamos avanzando y reflexionando qué haríamos. Entre lágrimas y desconcierto nos aferramos a nuestra fe.  Fueron días oscuros en todo el sentido de la palabra.
… Pero, hay bondades hermosas que trajo el huracán María…
La solidaridad se vistió de alegría y esperanza. Todos fuimos UNO. En esas horas cero, éramos multitud de manos. Todos empezamos a abrir caminos, en medio de un desierto. Grandes y chicos, pobres y ricos, sacamos  nuestras herramientas para limpiar caminos, para abrir paso a la vida, a la esperanza.  La comunicación nula, todo había colapsado, esa fue una de mis angustias, no poder saber nada, ni decir nada, sentía un caos.   Sólo los que teníamos un poco de combustible nos movíamos a las casas de familiares o en las bicicletas, o caminando para saber si estaban bien.  A veces nos comunicábamos dejando mensajes escritos pegados en las puertas…
Tres (3) días sin comunicación, sin saber prácticamente nada de lo que había sucedido en toda la isla… a penas una estación de radio estaba funcionado… 4 días y aún sin poder comunicarnos. Al quinto día, llegó hasta mi casa el cuñado de mi esposo para decirnos que a una 10 millas de mi casa, debajo de una antena de “Claro”, se podían conectar los teléfonos. Salte de alegría y corrimos hacia allá! Y pude llamar a mi mamá a República Dominicana quien estaba desesperada. No pude hablar con ella y dejé mensaje. Llamé a mi hermana y pude hablar. Lloré, lloré de emoción y desesperación porque ella me contó lo que vio y decían por las noticias y era peor de lo que me imaginaba. Corríamos la voz y nos prestábamos los teléfonos, o llamábamos a otros familiares para dejarles saber que su familiar estaban bien. El egoísmo desapareció. solo había unidad.
Los de afuera de la Isla vivían la angustia y desesperación por todo lo que las noticias internacionales reportaban y nosotros adentro, en medio del caos buscábamos la manera de abrir caminos y ayudarnos.
Teníamos una planta eléctrica y mi esposo tenía combustible para 5 días… compartimos con uno de los vecinos para que conectara su refrigerador, le dijimos al otro vecino y nos dijeron:, no tenemos nada que congelar, estamos sólo con enlatados.
Aún teníamos agua, y empezamos a compartir con familiares y amigos que llegaban hasta casa a buscar. Nuestra ducha fue familiar, mi cuñada, y sus hijos, mi suegra, llegaron a expresar  “que rico poder lavarme el pelo, bañarme de pie a cabeza “… y es que bañarse con medio galón de agua y un “jarrito” o vaso, era un privilegio en las primeras semanas.
La comunicación colapsó por completo en la Isla. Pasaban las semanas y era desalentador la situación. La gente se fue acostumbrando a la triste realidad. Unos cuantos decían: “esto es para largo”, otros decían: “volver al tiempo de antes: lámparas y velas “. La alegría del boricua lo mantenía de pie, y su creatividad les hacia florecer.
Las calles fueron nuestros patios. Mi hijo mayor aprendió a correr bicicletas, los niños de la comunidad se conocieron y empezaron a visitar sus casas. Hacíamos comidas y compartir entre todos… Aquí fueron creciendo las esperanzas. Todos los vecinos nos conocimos, había tiempo para sentarnos y charlar, pero al mismo tiempo llegaban las tristes noticias de algunos que se iban a Estados Unidos. También nosotros nos fuimos despidiendo…Esa fue otra odisea. No aparecían pasajes.  Estábamos en Lista de espera.
Miles de puertorriqueños dejaron sus casas, sus trabajos, familia, dejaron su pedazo de  tierra pero dejaron su corazón.
Duele describir estos episodios, aún lloro, de solo recordar, no solo por mi y los míos, sino de otros tantos que entraron en pánico y aquellos que desde lejos no podían llegar hasta nosotros.
Transcurrían los días, las semanas, y aunque se veía un poco de mejoría, sabíamos que no sería tan rápido ni tan fácil. Cuando pudimos recorrer algunos lugares para comunicarnos con amigos , nos dimos cuenta de la gravedad en la que se encontraba la isla. Lo verde era seco, la brisa huracanada fue como fuego porque las quemó, postes de luz aún en las carreteras… Parecían esos primeros días, bombardeados los pueblos .
La falta de combustibles hizo que cerraran hospitales, porque algunos de ellos, como el Buen Samaritano de Aguadilla, habían crecido las baterías por algunos fallecidos. Fue inminente cerrarlo. A penas emergencia funcionaba.
Las cifras de muertos tras el paso del huracán María por Puerto Rico, el gobierno parecía que la ocultaba para no alarmar más a la población, pero fueron subiendo. La cifra oficial de muertos  fue de 64 durante casi un año, pero días atrás, según investigación de la Universidad George Washington, informó que casi 3,000 vidas fueron las victimas fallecidas. Exactamente ha confirmado que cobró las vidas de 2.975 personas, cifras que el presidente Donald Trump no cree.
Las ayudas llegaron a la Isla, pero no a todos. Miles de boricuas, artistas y ciudadanos común, dominicanos y de otros países volvieron su mirada a la Isla del Encanto quien se encontraba en un desastre natural y ante la negligencia cínica de autoridades y políticos que no actuaban con vehemencia ante la triste y cruda realidad. Aparecieron los “pillos”, saquearon tiendas, maleantes que se aprovecharon de furgones y  no fueron entregados. Artículos de primera necesidad fueron dañadas. Esto partía el alma, habiendo tantas gentes con necesidades. “Toque de queda”, de 6:00 am a 6:00 pm. prohibido vender bebidas alcohólicas. La gente se quejaba. Las tiendas, las que abrieron después de una semana o dos, cerraban a las 4:00 o 5:00 de la tarde. Los suicidios aumentaron. La depresión fue acorralando la esperanza de cientos de boricuas, que ante tal incertidumbre les ganó la desesperación.
Al mes de María, entre incertidumbres pero confiando en Dios, porque no soy mujer de fe, y a pesar que mi esposo no quería que nos fuéramos, decidí darle un mejor futuro a mis hijos. Dejando todo y llevando pocas cosas inicié la travesía de viajar hasta República Dominicana en el Ferries, porque no habían pasajes por avión, y de allá viajamos a Massachusetts. Mi hermana y su familia nos recibieron a mí y mis dos hijos. Una nueva etapa, un comienzo y un final que contaré. Este es otro capítulo después de María, las vivencias, ayudas, experiencias en casi 9 meses en Springfield y ahora casi 3 en Killeen Texas.
A un año de María, muchos han sido los cambios. A un año de María, miles de puertorriqueños son los que aún necesitan ayudas. A un año de María, todavía muchas casas se pintan de azul, con los toldos de FEMA, a un año de María, no se ha resuelto la energía eléctrica por completo, y donde ha llegado, es inconstante. Lo mismo pasa con el agua, las comunicaciones aún tienen problemas y lo peor es que no se vislumbra un gobierno con verdaderas intenciones de solucionar el problema, y mucho menos por parte del gobierno federal.
Recientemente el pretendiente Donald Trump tuiteó que este gobierno de Ricardo Roselló es el más corrupto que ha tenido Puerto Rico y no es para menos. Muchas son las artimañas que se hablan de que este gobierno ha querido aprovecharse de la catástrofe de María para sacarle millones de dólares a USA. Hoy leí otra noticia espantosa, y que de una manera u otra confirma lo anterior,  pues el coordinador de FEMA en Puerto Rico, declaró que millones de dólares no han sido entregado porque no confían en la administración del actual gobierno y que están investigando muchas irregularidades.
Pero de cierto es que no han sido adecuadas las respuestas para sacar a Puerto Rico a flote, y según las críticas,  el gobierno de Trump no ha hecho su mejor parte, dejando a más de 3.3 millones de boricuas a su suerte.
En el reciente escándalo causado por los 22 millones de dólares en agua esencial para la población encontradas sobre la pista de un aeropuerto, en el municipio de Ceiba, el  secretario general de Amnistía Internacional Kumi Naidoo, afirmó: “La cifra de muertos tras el huracán María fue tan enorme porque las autoridades no aplicaron garantías básicas que podrían haber salvado cientos de vidas, si no miles. La lamentable respuesta del gobierno del presidente Trump demuestra un fracaso deplorable en términos de proteger los derechos humanos básicos de los puertorriqueños en el momento en que éstos más lo necesitaban”.
Entre ponerse de acuerdo para reconstruir a Puerto Rico, son muchos más los Boricuas que se van, y son muchos más los que aún tienen la esperanza de ver otra Isla del Encanto. Con coquí o sin coquí, el pueblo seguirá cantando, bailando y  jugando. Seguirán creyendo con su fe y su esperanza, pero de cierto es, que necesitarán más ayudas para seguir hacia adelante.
Los que se fueron un día volverán, otros se quedarán, pero los que como yo que estuvimos por un tiempo, seguiremos amando y orando para que los que se quedan encuentren el gozo y La Paz, la esperanza y la fe de hacer un nuevo Puerto Rico, cargado de bondad y lejos de la malicia, la codicia y la corrupción política.
Las autoridades puertorriqueñas estiman que 130,000 puertorriqueños, cerca del 4% de la población, abandonaron la isla después del huracán María, y todavía seguirán saliendo si la situación no mejora.
María no fue una enemiga, ella llegó y nos desnudó para que viéramos la piel debajo de la ropa y así pudiéremos tomar decisiones frente a esa realidad.
Son más los buenos que los malos. Es hora de enfrentarnos a los huracanes internos de la isla que paralizan y obstaculizan su desarrollo.
El huracán María, sigue hablando de Puerto Rico y le sigue hablando a los boricuas. No estábamos ni estamos preparados para un huracán, como María. Puerto Rico sigue vulnerable y urge de ayudas para que verdaderamente se levante.