A Pleno Sol: Los choferes nuestros

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Por Manuel Hernández Villeta

 

El transporte público en la Republica Dominicana tiene que ser organizado. No es posible la actual anarquía de los conductores de guaguas y carros del llamado concho. Las autoridades tienen que dejar la complacencia y actuar con puño de hierro.

La anarquía es impuesta  a golpe de autoridad por los sindicatos de choferes. Se han convertido en entidades de tanta fuerza que doblan el puño a las autoridades. Son los dueños de las calles, y allí hacen lo que les venga en gana. Lo malo es  el estado de sus víctimas.

El gran pueblo es el perjudicado por los sindicatos de choferes. Es de los pocos casos en que choferes que proceden de la marginalidad social, explotan a personas que tienen su mismo nivel social. Cuando se acortan las rutas o se aumentan los precios de los pasajes, se perjudica  a los más necesitados  de la población.

Aunque parezca increíble, esa es la base social de los sindicatos de choferes. Sus amenazas a las instituciones son en base a lanzar a las calles con protestas y movilizaciones a grupos de irredentos. Estamos ante la barbarie de los que tienen pantalones.

El transporte necesita llegar al siglo 21. Tiene que dejar de ser la forma de indigentes ganarse la comida, para entrar a una planificación técnica y económica. Los sindicatos de choferes  y el sector oficial tienen que sentarse en la mesa de conferencia,  y luego darle participación al sector privado. Definitivamente el transporte público de pasajero tiene que ir a la oferta y la demanda, y a quien mejor servicio ofrezca.

Hay que hacer un estudio de cuál es el gasto de un carro o una guagua en un trayecto de siete kilómetros, que es lo más largo que hacen. No se olviden que las rutas son partidas, por lo que se tornan extremadamente cortas. De la Bandera a la avenida Duarte hay que pagar hasta cuatro carros, y un sobreprecio a las guaguas.

En base a ese estudio y tomando en cuenta seis pasajeros en ese tramo, hay que establecer un precio real. No importa el que sea, pero aplicado en forma científica y no por capricho de un descamisado. Los sindicatos tienen que educar a sus miembros, enseñarles urbanidad, instruirlos en prácticas de higiene y que se vistan adecuadamente y por lo menos se bañen antes de salir a trabajar.

La extensión del Metro o el Teleférico es positivo, pero no se pueden ver al margen de la realidad del transporte. No todos están en las rutas del Metro o el Teleférico, por lo que por tiempo indeterminado seguirán siendo víctimas de los choferes de carros públicos y guaguas.

No planteamos la salida del mercado de los choferes de carros públicos y de guaguas, sino que comprendan que no pueden seguir trabajando como si transportaran caña en carretas de bueyes. Que las rutas y el pasaje se adecuen a las necesidades de los pasajeros, y no solo de los choferes, y que a los conductores se les enseñan métodos de higiene, por lo menos que tengan ropa limpia y se bañen. ¡Ay!, se me acabo la tinta.