El Tiro Rápido: Macuteros y gatilleros

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Por: Mario Rivadulla

Pese a que con frecuencia la jefatura policial anuncia depuraciones de elementos indeseables en el seno de sus filas, y en ocasiones, el sometimiento a la justicia ordinaria de agentes y oficiales acusados de la comisión de delitos graves, es infrecuente el día en que no aparece en la prensa el nombre de alguno de sus miembros acusados de la comisión de delitos, acciones arbitrarias o abusos.

Basta revisar la actualidad noticiosa de esta misma semana donde resaltan dos hechos cuestionables.

El primero de ellos tiene como víctima protagónica al  destacado periodista José Monegro, director del matutino El Día, quien en sus páginas deja testimonio de un desagradable incidente ocurrido en la autopista de las Américas, cuando al regreso de un viaje al exterior hacía el trayecto del aeropuerto internacional José Francisco Peña Gómez a su hogar.

En el curso del mismo, según relata Monegro, fue detenido por una patrulla en  supuesto servicio de vigilancia en la transitada ruta, donde con frecuencia se han registrado atracos y agresiones contra los vehículos.  Sin el menor recato, el jefe de la grupo de agentes, lo abordó  apelando a la frase ya habitual: “Deme lo que me trajo”. Ni siquiera el hecho de Monegro haberse identificado como director del importante diario, hizo desistir de su imperioso reclamo al agente que sin embargo no vio satisfecha su exigencia.  Por suerte, el asunto no llegó a males mayores y queda registrado como un episodio anecdótico más.

No ocurrió así, lamentablemente, la noche de este lunes, en un sangriento incidente que se saldó con la muerte de un cabo de la institución a manos de otro cabo y un sargento pertenecientes al Departamento Anti-Ruidos de Cristo Rey, cuando estos persiguieron hasta dar alcance al vehículo conducido por la víctima por estar transitando con la música a alto volumen.

Según el testimonio de la pareja del occiso, Manuel Merán Maldonado y los agentes de patrulla entablaron una discusión que culminó con un forcejeo durante el cual este recibió un balazo en la cabeza, cuando según alegan los agentes a uno de ellos se le zafó el mortal disparo.  El incidente fue registrado por una cámara de seguridad.   La compañera sentimental de la víctima, que deja en orfandad dos menores hijos, revela además que una semana antes y por la misma razón, la pareja de agentes los había interceptado, ocasión en que a Merán Maldonado le exigieron dos mil pesos para no detenerlo.  Más claro: miembros de la institución macuteando a otro uniformado.

Nunca pecaríamos de considerarnos no ya expertos, si no tan siquiera aficionados ni aprendices en temas policiales ni de seguridad, mucho menos en pretender trazar pautas sobre la forma en que debe llevarse a cabo la profunda reforma que requiere el cuerpo de orden público, de la cual, hasta ahora, la nueva ley rectora del cuerpo, solo ha logrado promover cambios cosméticos.

Pero por elemental lógica estamos seguros, que tal como hemos señalado en otras ocasiones, el mal de origen de la institución radica en el reclutamiento del personal.

En tanto sean tan precarias y poco atractivas las condiciones de remuneración y limitados beneficios sociales que ofrezca el ingreso al cuerpo de orden público, resultará muy cuesta arriba lograr elementos de calidad para nutrir sus filas.

Y mal que nos pese, seguiremos contando con un cuerpo policial penetrado en buena medida por macuteros y gatilleros, sin la menor conciencia de la responsabilidad social y moral que conlleva vestir el uniforme ni tampoco del valor de la vida humana.

teledebate@hotmail.com