A Pleno Sol: Una Capital inundada

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Por Manuel Hernández Villeta

La capital dominicana es un gigante de acero, con los pies de barro. Se levantan torres millonarias, verdaderos rascacielos, mientras que familias depauperadas luchan para que no las desalojen de las orillas de los ríos. Una ciudad de grandes hoteles para turistas, pero sin un verdadero drenaje pluvial.

Cuando llueve sale a relucir todo el abandono que tiene la capital dominicana. Prácticamente todas las calles se inundan, desde que llegan estos torrenciales aguaceros. La lluvia no se puede parar ni atajar, pero si hay métodos científicos que permitir controlar los estragos de las inundaciones.

Los síndicos que tiene el llamado  Gran Santo Domingo, incluyendo el Distrito Nacional, son despreocupados por el tema de las inundaciones. No le dan importancia a  mejorar el sistema de desagües. Cuando llegan las lluvias,  entonces hacen promesas de solución, que nunca llegan-.

Nadie sabe a quién corresponde mejorar el sistema de desague.  Se piensa en los ayuntamientos, pero estos señalan desde el ministerio de Obras Públicas o a la Corporación del Acueducto y Alcantarillado.  Una irresponsabilidad que raya en el abuso.

Estamos en plena campaña ciclónica. Con el llamado cambio climático en acción, no se sabe en qué momento puede darse  una desgracia colectiva. Lo mejor sería que el gobierno central se haga cargo de modernizar y eficientizar el sistema de  desagües.

Los organismos de socorro y prevención están trabajando con buenas intenciones, pero tienen limitaciones económicas, y les falta tecnología de punta., Lo importante es que con una rama de voluntarios y asalariados, se trabaja para salvar vidas.

Después de las últimas lluvias Santo Domingo se convirtió en un brazo de mar. En prácticamente todos los sectores, las inundaciones de calles anegó el tránsito. La experiencia debe ser tomada en cuenta para futuras precipitaciones.

Estamos lejos de las elecciones. Todavía hay tiempo para promesas. Pero fracasarán los síndicos que no tengan respuestas a estas inundaciones. El pueblo puede reclamar a sus autoridades municipales, pero sobre todo, deben comprender que donde hay un alcalde irresponsable y prepotente, no merece ser reelecto, si es que lo intenta. ¡Ay!, se me acabó la tinta.