A Pleno Haití revuelto

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Por Manuel Hernández Villeta

 

La actual poblada haitiana entraña un grave problema para las relaciones con los dominicanos, y sobre todo podría ampliar la llegada de ilegales haitianos. La única salida que tienen los haitianos, así lo piensan, es el lado dominicano.

No podemos aceptar que los problemas internas de un país neo-nato se conviertan en una crisis nacional. La frontera debe ser sellada y que los haitianos encuentren soluciones a su crisis interna. Sin autoridades, civiles o militares, ese país se encuentra a un paso del infierno.

Con mayor vigilancia en la frontera no se va a detener el cruce de inmigrantes ilegales. Hace meses esa frontera está cerrada, y nadie ha podido evitar que siga esa avalancha de desposeídos de la suerte, en busca de mejores condiciones de vida.

La emigración no se va a detener con buenas intenciones, ni con reforzamiento militar. Hay que enfrentarla de forma real. Hay que preguntarse porque llegan miles de migrantes ilegales a la República Dominicana todos los días.

La respuesta está en las penosas condiciones de vida de Haití. Con todas las limitaciones que tiene la República Dominicana, es el punto de referencia para los haitianos. Van a continuar llegando en forma abrupta al país, mientras sigan las condiciones de subsistencia  degradada que llevan.

Gobierno y pueblo dominicano tienen que vigilar de cerca la explosión social en Haití, pero no meterse en ella. Tiene el problema que ser solucionado por los haitianos y por la comunidad internacional. Fueron las grandes potencias las que acorralaron a ese país, y son ellas las que le tienen que dar protección.

Además, tenemos que prepararnos para el vendaval de la nueva embajadora norteamericana, que ya levantó una prédica pro-haitiana, siguiendo la línea del anterior enviado de los Estados Unidos. Las grandes potencias quieren la reunificación de la isla, y están trabajando para ello.

La poblada actual se inscribe dentro de esas presiones de organismos internacionales, para que en estos países pobres, los gobernantes obliguen a la población a apretarse el cinturón. Nunca la medida da buenos resultados, y los dominicanos ya recordamos las pobladas de un abril lejano.

El caso haitiano es una dolorosa espina en el costado de los dominicanos y tiene que ser resuelto con tenacidad, respetando los derechos humanos, pero haciendo validar los principios de soberanía y territorialidad. Nada puede doblar el pulso a los dominicanos cuando defienden a su Patria. Los problemas haitianos que se resuelvan en Haití. No son asuntos nuestros. ¡Ay!, se me acabó la tinta.