CURA DE EMERGENCIA  

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EL TIRO RAPIDO
El matutino El Día destaca que es la quinta vez en cuatro años que militares y policías patrullarán las calles para prevenir y combatir la delincuencia, en tanto el también mañanero Diario Libre va mas atrás al señalar que es la séptima ocasión en catorce años.
 
La drástica decisión adoptada por el gobierno ha sido motivada por el más reciente brote de acciones criminales, donde resaltan los audaces asaltos perpetrados contra la agencia remesadora de Vimenca en Santiago, la sucursal del Banco Popular en Santo Domingo Este y una banca de apuestas en Azua, todos los cuales han producido jugosos botines millonarios.   A lo anterior se suma el despojo de una fuerte suma de dinero a un general retirado de la Policía Nacional, seguido hasta la misma puerta de su residencia donde se llevó a cabo el atraco.
 
Más lamentable aún por tratarse de hechos irreparables, los asaltos a mano armada a ciudadanos, policías y militares en activo y retirados, a estos en particular para despojarlos de sus armas de reglamento, los cuales han sido rubricados en forma trágica con la muerte de las víctimas por parte de una delincuencia bien armada y agresiva, que hace burla de la autoridad y no teme enfrentarla, tal como ocurrió con el irregular operativo llevado a cabo en Los Mina.
 
Son acciones que han incrementado el clima de zozobra e inseguridad que desde hace mucho constituye el principal motivo de inquietud ciudadana.  Las encuestas, al coincidir en sus resultados  sobre este tema, confirman lo que más que percepción, es un temor real, latente y cada vez más ampliado y arraigado en el ánimo público.
 
De poco valen las estadísticas que registran la disminución de la criminalidad.  Ni las que prueban que con todo, salvo Cuba, sometida a un rígido régimen dictatorial, somos el país de la región que registra menor índice de delincuencia. Y que comparados, por citar solo algunos ejemplos, con México, El Salvador, Honduras y Venezuela, a la cual las mediciones señalan como la nación más insegura del mundo, salimos mejor librados.  De nada sirve.  Mal  de otros no deriva consuelo salvo para los tontos.  La sensación de temor en que vivimos se suda por todos los poros.  Comienza desde que se sale a la calle, y no concluye cuando se regresa a la ya relativa seguridad del hogar donde ni siquiera se está al abrigo de la rampante delincuencia.
 
El patrullaje mixto seguramente será  un disuasivo.   Aún cuando no están entrenados para labores policiales, la presencia de militares en las calles siempre resulta atemorizante.  Quizás haya bandas que a pesar de ello se arriesguen a seguir cometiendo sus fechorías.  Pero otras, en cambio, se mostrarán más cautas y entrarán en un prudente receso.
 
Pero recordemos que se trata de una simple cura de emergencia.  Así lo evidencia las veces que con anterioridad ha tenido que apelarse a la misma medida.  Pasado un tiempo, cuando la guardia retorne a sus cuarteles, la criminalidad al acecho volverá a tomar las calles en franco desafío a un cuerpo policial, que lamentablemente, para llegar a ser la herramienta eficiente para enfrentarla requiere de profundas  transformaciones y una estrecha relación de colaboración por parte de la ciudadanía,  que hoy no es posible dado el bajo nivel de credibilidad de que goza.
 
Así ocurrirá una y otra vez, hasta tanto no logremos el ideal de esa policía transformada y una bien elaborada estrategia para prevenir y combatir la criminalidad, devolviéndole a la sociedad el necesario clima de sosiego que permita garantizar una convivencia social libre de temores.