ESCUELA INSTRUCTIVA Y FORMATIVA

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EL TIRO RAPIDO

En la edición de este miércoles, en la columna Antes del Meridiano, que publica el Diario Libre, su director Adriano Miguel Tejada, plantea la necesidad de que la escuela dominicana se convierta en fragua que forme al alumno para la vida ciudadana.

De ejemplo a imitar menciona el singular gesto cultural de los fanáticos y los integrantes del equipo japonés que asistió al Mundial de Fútbol, que aún cuando no pudo llegar a los finales tuvo un sorprendente desempeño, los cuales al  término de cada partido, limpiaban los primeros las gradas y los últimos sus vestuarios.  De despedida los jugadores dejaron un mensaje en ruso que decía: Gracias.

Esa cultura, como señala Adriano Miguel, se forja desde los primeros años de aprendizaje en las escuelas de Japón, donde los alumnos, como parte del mismo, son los encargados de mantener limpias las aulas, los sanitarios y las demás dependencias.  Es de esta enseñanza práctica de civismo para la vida cotidiana de que está huérfano nuestro sistema docente.

Frases de tan elemental cortesía como “Saludos”, “Buenos días”, “Por favor”, “Gracias” hace rato que desaparecieron de nuestro léxico. Es un comportamiento que se manifiesta sobre todo en las generaciones mas recientes donde las expresiones de irrespeto y falta de educación se van convirtiendo en parte integrante de su personalidad y norma de comportamiento.

Es claro que se va a la escuela para aprender Matemática, Lengua y Ciencias Naturales y Sociales.  Pero ese conocimiento no faculta necesariamente para la vida en sociedad.   Para llegar a ser un buen ciudadano se requiere de mucho mas.

La escuela tiene que ser instructiva y formativa. Su papel rebasa la sola enseñanza de las materias básicas.  Tiene que abarcar  reglas de cortesía; sentido de responsabilidad, de decencia,  orden, disciplina, normas de buen comportamiento y principios éticos, respeto a la ley y al derecho ajeno, y un régimen de consecuencias.  Para desterrar la impunidad hay que comenzar desde la base, como un conocimiento primario.   Cobrar conciencia de que lo mal hecho conllevará necesariamente un costo y una sanción.

Desde hace mucho se ha planteado la conveniencia de llevar el conocimiento de la Constitución a las aulas.  Es materia pendiente y del todo necesaria.  No es cuestión de someter al alumnado a una mecánica y aburrida lectura de su extenso articulado. Debe ser un ejercicio práctico y dinámico, desarrollado en  talleres donde los estudiantes puedan analizar y discutir su contenido, y adquirir una mayor conciencia de sus deberes y derechos como ciudadanos y de las prerrogativas y obligaciones de los poderes públicos.

La propuesta de Adriano Miguel empieza porque se imite el ejemplo de los alumnos japoneses, cuyas aulas no requieren de personal de limpieza porque esta corre a su cargo, dado que ellos son los que la usan.  Sería un buen comienzo para complementar la instrucción académica, con lecciones útiles y prácticas para la vida cotidiana y la convivencia social.

¿Nos atreveremos a hacer la prueba conscientes de que habrá que superar muchos obstáculos y vicios de comportamiento muy arraigados?

¿Estarán nuestros maestros en disposición de afrontar el reto?

teledebate@hotmail.com