La expansion del 9-1-1

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EL TIRO RAPIDO 

Al César lo que es del César…

 Si de un logro importante puede ufanarse y hablar a boca llena el gobierno es, a no dudarlo, del servicio 9-1-1, o más sencillamente 911, que ahora el Ministro de la Presidencia, Gustavo Montalvo, quien ha sido su principal impulsor y funge como su rector,  anuncia será extendido en los próximos sesenta días a las provincias de San Pedro de Macorís, La Romana y Peravia.  Más adelante, pero antes de finalizar el presente año, el servicio será ampliado llegando a Monte Plata, La Altagracia, Samaná y Bonao, con lo cual su cobertura alcanzará a un 74 por ciento de la población total del país.

 Al ofrecer estas informaciones, Montalvo adelantó que para el próximo año se proyecta extender la red a los principales municipios de las provincias de Azua, Barahona, Duarte, Sánchez Ramírez, María Trinidad Sánchez, Hermanas Mirabal, Hato Mayor y El Seibo, con lo que quedará cubierto el 92 por ciento de la población.   La inversión proyectada hasta el 2020 es de cinco mil millones de pesos.

Mario Rivadulla

 Dudamos,  y hablamos por propia experiencia, de que al anunciarse el propósito de implantar este servicio y en sus mismos inicios, las expectativas originadas en la gran mayoría hubieran  alcanzado el  punto al que realmente ha llegado en la práctica.

 Había razones para ello.  Se trataba de un sistema de manejo complejo, con una elevada exigencia de preparación del personal que lo atiende, que no es solo el de recibir y registrar llamadas de emergencia sino  disponer de la capacidad de razonamiento y ánimo sereno para hacer frente a situaciones de alto riesgo y poder orientar y prestar la debida asistencia a las personas que requieren de auxilio.

 Pero, además, para funcionar adecuadamente el 9-1-1 requiere de toda una amplia estructura de apoyo humano y técnico, que involucra, entre otros, sobre todo  la participación de ambulancias debidamente equipadas y con personal paramédico así vehículos policiales en cantidad suficiente para poder responder con prontitud cualquier solicitud de asistencia. 

 Afortunadamente todos esos requerimientos han sido cubiertos. El sistema dispone de mil 800 unidades y emplea 12 mil personas.  Y los resultados están a la vista con la contundente elocuencia de las estadísticas. 

 En los cuatro años que lleva operando, el 9-1-1 ha atendido más de un millón 845 mil situaciones, de las cuales 1 millón 318 mil 790 correspondieron a emergencias; 200 mil 321 a asistencias viales y 326 mil 378 a denuncias por excesivo ruido.  Los accidentes vehiculares ascendieron a 19 por ciento del total; personas en peligro al 15; dificultades respiratorias y violencia doméstica el 12; el 9 por agresión física; un 8 por ciento por emergencia de obstetricia;  5 debido a incendios y  3 por robo.

 De los resultados positivos arrojados gracias a la asistencia prestada por el servicio dan cuenta los siguientes cifras: en accidentes de tránsito asistidos apenas se registraron fallecimientos en un 0.8 por ciento y un 3 en los intentos de suicidio.  Con la intervención del sistema, la Policía pudo controlar un 68 de los casos de violencia doméstica; un 63 por ciento de los robos; el 52 por ciento de los reportes de personas en peligro y un  39 por ciento de los hechos de agresión.  Los bomberos a su vez pudieron sofocar un 55 por ciento de los incendios con apenas un 2 por ciento de lesionados, mientras fueron atendidas el 89 por ciento de las emergencias obstétricas.

 Son números excelentes que hablan por si solos.  No cuesta trabajo imaginar cuán distintos hubiesen sido esos resultados positivos, de no haber contado con la asistencia y eficiente servicio prestado por el 9-1-1.  Justo es reconocerlo tanto como el hecho de saludar el anuncio de la extensión de las dos próximas etapas de la ampliación del servicio que permitirá incorporar nuevos usuarios hasta cubrir más del noventa por ciento de la población del país,  a los beneficios de un sistema que ha funcionado casi a la perfección.

 

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