Fármaco antidiabético seguro para pacientes con enfermedad renal

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Los resultados de un estudio de gran envergadura indican que el antidiabético oral, metformina, no produce daños en la mayoría de los pacientes diabéticos que también padecen de insuficiencia renal crónica. Los investigadores de Johns Hopkins Medicine, quienes estudiaron a una población de más de 150.000 adultos, descubrieron que la acidosis láctica solo se desencadenó en pacientes con una función renal gravemente disminuida. La acidosis láctica es una complicación grave e incluso mortal que se produce por la acumulación de metformina.

Un informe del estudio se publicó el 4 de junio en la revista digital JAMA Internal Medicine.

La metformina es el medicamento de primera elección para el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2 en adultos y es el quinto fármaco más usado en los Estados Unidos. No obstante, entre los profesionales de la salud ha existido siempre una gran preocupación en cuanto a la prescripción de metformina a pacientes que presentan diabetes e insuficiencia renal crónica, ya que puede desencadenar la acidosis láctica, explica la autora principal del estudio, la Dra. Morgan E. Grams, profesora adjunta de medicina y epidemiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

La acidosis láctica es una complicación grave, aunque poco frecuente, que se produce cuando hay acumulación de lactato, un producto terminal del metabolismo anaeróbico de la glucosa, en la sangre. Clínicamente, se ha señalado la presencia de síntomas como dolor muscular fuerte, calambres, náuseas y debilidad. Ya que los pacientes con insuficiencia renal crónica tratados con metformina corren un riesgo más alto de desarrollar acidosis láctica, los médicos, durante muchos años, han evitado prescribir este medicamento a dichos pacientes.

Grams afirma que la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés) ha revisado recientemente la ficha técnica de metformina y ha concluido que se puede usar, con precaución, en pacientes diabéticos con insuficiencia renal moderada. Empero, los datos que sustentan la seguridad del fármaco en pacientes que presentan insuficiencia renal grave no han sido concluyentes.

“Una valoración más eficaz del riesgo de desarrollar acidosis láctica podría ofrecerles a millones de personas que padecen diabetes e insuficiencia renal crónica la confianza de usar la metformina de forma segura”, asegura Grams. Los estudios previos indican que, además de controlar el azúcar en sangre, la metformina ofrece muchos beneficios en comparación con otros medicamentos para controlar la glucemia, entre ellos, una disminución en el aumento de peso, un menor riesgo de padecer un infarto e incluso el aumento de la supervivencia a largo plazo.

En el mundo existen cerca de 380 millones de personas con diabetes, y en los Estados Unidos, la cifra asciende a 29 millones de personas. Grams afirma que aproximadamente el 19 por ciento de las personas que padecen diabetes en EE.UU. (cerca de 5 millones de personas), también padecen insuficiencia renal crónica.

“Nuestro estudio demuestra que el antidiabético de primera elección y de uso frecuente es hoy en día más seguro que antes”, explica Grams. “Desde la óptica de la salud pública, son enormes los posibles beneficios de usar metformina en pacientes afectos de diabetes e insuficiencia renal crónica, debido a la población creciente a nivel mundial que padece estas dos enfermedades”.

Grams y sus coautores revisaron las historias clínicas de 75.413 pacientes diabéticos, entre 2004 y 2017. Para el estudio, analizaron la tasa del filtrado glomerular (una medición de la función renal), los medicamentos prescritos para el control de la diabetes, las hospitalizaciones por acidosis, la información demográfica, el hábito tabáquico y la presencia de enfermedad cardiovascular.

El equipo de investigación empleó modelos estadísticos informatizados para analizar el riesgo de acidosis láctica que corrían los pacientes tratados con metformina con respecto a aquellos que no la tomaban. Para ello, tuvieron en cuenta factores como la presencia de enfermedad cardiovascular y el hábito tabáquico.

Grams y sus colegas hallaron una correspondencia entre el uso de metformina y la acidosis únicamente en pacientes con disfunción renal grave, estimada en una tasa de filtrado glomerular inferior a 30ml/min/1,73 m2. Este riesgo supera en más del doble el riesgo de acidosis en pacientes con función renal gravemente disminuida que toman otra clase de antidiabéticos. En contraste, una tasa de filtrado glomerular en condiciones normales es superior a 90ml/min/1,73m2.

Asimismo, los investigadores compararon los datos de pacientes nuevos tratados con metformina con los datos de pacientes nuevos tratados con otra clase de antidiabéticos, denominados sulfonilureas, en las diferentes etapas de la insuficiencia renal crónica. Esta otra parte del estudio incluyó a 82.017 pacientes.

En comparación con los métodos alternativos para el control de la glucemia, el uso de metformina, en líneas generales, no se asocia al desarrollo de la acidosis láctica, como tampoco se asocia a la acidosis en pacientes con valores de filtrado glomerular entre 45 y 59 ml/min/1,73m2 (lo que se define como disfunción renal leve y moderada) o en pacientes con valores de filtrado glomerular entre 30 y 40 ml/min/1,73m2 (lo que se define como disfunción renal moderada y grave).

Sin embargo, el uso de metformina se asocia a un riesgo elevado de acidosis láctica en pacientes con filtrado glomerular inferior a 30 ml/min/1,73m2.

“Nuestros resultados respaldan el uso prudente de metformina en pacientes que presentan diabetes mellitus tipo 2 y un filtrado glomerular de al menos 30 ml/min/1,73m2”, expresa Grams.

Los investigadores advierten que, con respecto a los pacientes que no toman metformina, los pacientes tratados con este antidiabético pueden presentar acidosis por una causa subyacente distinta. Las muestras del estudio fueron predominantemente de raza blanca, lo que podría limitar la generalización de los resultados.

La metformina, además de ofrecer beneficios a la salud del paciente, es relativamente económica. La dosis de 500 mg se puede comprar por 4 dólares al mes, en comparación con los nuevos fármacos antidiabéticos, cuyo costo puede superar los 400 dólares al mes.