FALLAS DEL SISTEMA DE SALUD

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Con la muerte de otro recién nacido en el hospital Jaime Mota de Barahona, ya suman nueve en los últimos ocho días.  ¿Las razones?

Mientras se ha ordenado una investigación por parte del Ministerio de Salud Pública, surge la increíble información de que apenas un 45 por ciento del personal hospitalario se lava las manos antes de atender un paciente, lo cual pudiera resultar un factor incidente en la elevada mortalidad de neo-natos en ese y demás centros del sistema público de salud, aparte de las  otras  denunciadas limitaciones y carencias de los centros que permitan prestar una adecuada atención a las parturientas y los recién nacidos.

Ahora bien…¿Cómo es esto concebible cuando la primera condición para el manejo de un enfermo es precisamente hacerlo bajo la más estricta higiene?  ¿Es que en las universidades que ofrecen las cátedras de Medicina  y de Enfermería no se incluye y de insiste en este punto tan esencial? ¿Los directores de los hospitales no velan por el cumplimiento de tan elemental norma? Y Salud Pública… ¿no dispone de un manual de instrucciones al respecto?

En otro orden pero dentro del mismo ámbito de la sanidad pública, no menos asombroso e inquietante el hecho de que al anunciar que el Servicio Nacional de Salud intervendrá todos los hospitales materno-infantiles del país por un tiempo a fin de reducir la alta tasa de mortalidad de recién nacidos, ahora mismo 25 por cada 1,000 nacidos vivos, su director general, el doctor Chanel Rosa, revele que los directores de algunos hospitales públicos ignoran la cantidad de camas de los centros que tienen a su cargo.

Hay que suponer por consiguiente, que ese nivel de ignorancia sobre un aspecto tan esencial se extiende a todos o casi todos los demás elementos y recursos de que disponen los mismos.  Si no conocen la cantidad de camas, ilusorio que estén al tanto de la existencia de medicamentos, materiales,  insumos, estado de los equipos de diagnóstico, condición de las emergencias y de los quirófanos.

¿Es que antes de nombrar al director de un hospital no se toma en cuenta ni se somete a examen su capacidad gerencial? ¿No se le informa y se le entrena debidamente para asumir una responsabilidad tan delicada?  ¿De que vale invertir miles y miles de millones de pesos en la construcción y rehabilitación de decenas de hospitales,  si luego se pone su dirección en manos tan ineptas e irresponsables?

Después de estar a conocimiento de todas estas fallas, quizás tengamos que alegrarnos de que las tasas de mortalidad, con todo y ser elevadas, resulten aún reducidas de lo que en realidad pudieran ser ante tan preocupante estado del sistema hospitalario público,  un logro casi milagroso del que quizás haya que atribuirle alguna intervención a la tan abusada intercesión de La Virgen de La Altagracia.

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