Es posible recibir un mensaje en el silencio y en la soledad

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Por: Juan Ramón Capellán Hidalgo

La Semana Santa, conocida como Semana Mayor, comienza con el domingo de Ramos y culmina con el Domingo de Resurrección.  El calendario cristiano invita a la conmemoración del Triduo Pascual, es decir los tres días en que los católicos celebran la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, más de un 75% de la población dominicana profesamos  la fe cristiana.

Este es un tiempo para la reflexión más que para la diversión. Es la oportunidad de pararnos a reflexionar qué país le vamos a dejar a las futuras generaciones.  Pensar si realmente nos conviene seguir con la corriente o por lo contrario volver a los caminos que transitaron los fundadores de la dominicanidad.

Hoy más que nunca debemos levantarnos de nuestro dormir, despertarnos y recordar que somos un pueblo valiente y devotos, que tal como lo consagra nuestra Constitución en su artículo 7, somos; “Un Estado Social y Democrático de Derecho, organizado en forma de República unitaria, fundado en el respeto de la dignidad humana, los derechos fundamentales, el trabajo, la soberanía popular y la separación e independencia de los poderes públicos”.

La Biblia está abierta en el centro de nuestro escudo nacional, en el evangelio de San Juan, capítulo 8, versículo 32, que dice: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.  El Escudo está coronado por una cinta azul ultramar en la cual se lee el lema “Dios, Patria y Libertad” consagrado en el artículo 32 de nuestra Constitución.

El Código Divino como también es conocido el libro de la Biblia,  establece que: “La Tierra se corrompió bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, rompieron el pacto eterno”,  libro de Isaías capítulo 24, versículo 5.  Y ciertamente vamos por un camino torcido cuando hablamos de semana “Santa” y asumimos una conducta impropia dando riendas suelta a la vanidad, la lujuria, la envidia, la borrachera, es como si nos apresurásemos a la destrucción.

Tomemos el control con una decisión sensata.  Disfrutemos de la naturaleza, de veladas con familiares y amigos, regresemos renovados del asueto, con un corazón lleno de amor, listos para perdonar, fortalecidos para asumir los desafíos e impartir gozo,  prodigar bienaventuranzas y abrazar en la fe de Jesucristo un mejor porvenir.

Reflexionemos que el primer paso hacia el cambio favorable comienza cuando decido escuchar los sabios consejos del Cristo Resucitado: “Amaos los unos a los otros…en esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”.

Los dominicanos somos un pueblo con vocación cristiana, aprovechemos bien el tiempo que Dios nos da, hagamos caso a su Palabra, a las normas establecidas  y al legado de nuestros héroes nacionales. Si somos una República libre, soberana e independiente, de igual manera que nuestras acciones revelen una vida renovada que expresa el salmista David oremos cada día con sabiduría diciendo: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí, vuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente. Amén!