El arte de la manipulación

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Por Juan M.Valdez Frías

 Mi patria ya no es mi patria. Sólo el hombre le sobrevive. Ya no cruzan los ríos las praderas ni sus aguas se declinan por las pendientes. Ya nada es igual: ni sus montañas ni sus alturas. Nada es más mentira que el azulado de sus cielos, abigarrados; curtidos como la conciencia pérfida de sus líderes.

Mi patria agoniza, y a saber de su agonía se manipula su muerte. De hecho, todo se manipula: la vida y la muerte. La alegría y las penas. Los abstractos y los concretos. Desde el grito de desespero hasta el manto frio del silencio; Todo pasa por el cedazo de la manipulación, con magistral oscurantismo.

Se manipula la esperanza, el devenir del futuro incierto: mentiras ciertas, demagogia impía de quien vocifera el progreso: cuellos blancos por las manos heridas…

La historia es un cuento programado con la verdad favorecida, porque También se manipula la decencia de quien nos hizo visible, de quienes se sangraron por nuestra existencia; también a ellos se les mancillan sus nombres con el honor robado.

En mi tierra yace la ausencia digna de la muerte, negada la vida por el hambre: hambre de justicia, de oportunidades meritorias, hambre de la equidad corrompida; hambre del reconocimiento más allá que la ficha del partido.

A lo lejos llama la vergüenza de la maldad aún viva, y se olvidan las lágrimas, las muertes, las heridas aún sangrantes. Porque la ineptitud también se manipula, mientras hallan vientos de ignorancia que la aplaudan. Porque el mal tiene también algo de bueno. De esos principios vagos viven quienes son parte del proceso de la manipulación: disfrazando su historia personal por la vergueza de su tierra.

Si algo me grita la historia es somos unos condenados por el ingenuo. Si por algo debo lamentarme, es por la miseria de importancia que tienen los que hoy mancillan el orgullo de quienes escribieron la patria; aguardando la esperanza de que un día despertemos y déjeme ser parte de esta descarada manipulación política, y seamos más dominicanos.