Las armas y los extranjeros

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Rodolfo R. Pou. Arquitecto, Político & Empresario

-Los jóvenes sobrevivientes de la masacre de este pasado 14 de febrero, de la Escuela Secundaria “Marjory Stoneman Douglas”, aquí en la Florida, ayer, 24 de marzo, encabezaron la “Marcha por Nuestras Vidas” en la ciudad de Washington D.C., junto a sus familiares, amigos y más de un millón de participantes.

 Los estudiantes que han asegurado ser la última generación, víctima de armas de asalto y tiroteos masivos, ha movilizado a otros tantos millones más, en más de 850 marchas realizadas ayer, en 750 ciudades de los Estados Unidos y más de 100 países del mundo.

Creo que a veces escribo como si se me estuviera acabando el tiempo. Ambición extrema, de querer comparar mis pensamientos con las estrofas que delinea la vida de Hamilton. Pero es que encuentro que me falta tiempo para crear espacios de intercambio sobre temas espinosos y necesarios, que proceden desde el lente del bi-culturismo del cual he sido parte toda mi vida, pero del cual hace apenas cuatro traslaciones que abrí los ojos a él.

Tomando el marco de esta protesta pasiva y justificada, es que he decidido plantear mi opinión, sobre la procedencia de la enmienda constitucional que ha permitido la fácil e indisciplinada adquisición de armas, el incremento de tiroteos y masacres públicas, y finalmente, como la misma es utilizada por muchos sectores, como vital y necesaria ante la creciente influencia y presencia de inmigrantes en los Estados Unidos.

Desde fuera, es imposible comprender la obsesión de los americanos con las armas, hasta que conoces el legado histórico de desconfianza que tiene la población, sobre los gobiernos. Siendo el de ellos, en el que menos confían y de quien más sospechan. Y para protegerse, siempre han recurrido a la mayor de sus armas cívicas y de su democracia, la Constitución.

Luego de la aprobación de la aun relevante constitución de apenas siete artículos en 1787, el nuevo pais, somete a reforma su “Carta Magna”, y presenta la primera modificación a la misma. Las inaugurales diez enmiendas de 1791, que hoy se conocen como la “Declaración de Derechos” (Bill of Rights), llevaría en ella, la semilla que germinaría en la problemática que tenemos hoy.

La Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas.”

Para lograr entender, como la interpretación de un derecho constitucional ha llegado a ser un divisorio tema de opinión, de valores democráticos e inconveniente social, hay que recurrir a la interpretación del mismo, los números que lo representan y los alcances que lo definen.

A pesar de que las enmiendas constitucionales no están supuestas a evolucionar, esta, sin embargo, lo ha logrado y lo ha hecho, con el respaldo de los industriales y manufactureros de las armas mismas, escudado detrás de la Asociación Nacional de Rifle (NRA) y un grupo de Jueces conservadores de la Suprema Corte de Justicia de los EEUU. El termino de “milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre”, el cual corresponde a una época remota de desconfianza gubernamental, visto la infancia del sistema político, ha sido manipulado de tal forma, que impide que existan regulaciones preventivas, sobre la adquisición de armas de fuego. Normas sobre tipos de armas, semiautomáticas, artefactos seudo-militares, verificación de antecedentes, estado mental y otras más, son alimentados por el concepto de derecho innato.

Hoy día la enmienda que surgió como balance entre el gobierno y su población, se justifica con aspectos complementarios muy ajenos a su concepción original. La justificada necesidad individual que tiene cada quien, de defender su vida, la de sus seres queridos y la de su propiedad, es la más utilizada. Otras se basan en el derecho a los pasatiempos de la caza y el entretenimiento deportivo.

En Estados Unidos hay más de un arma, por cada miembro de la población. Me refiero a ciudadano, residente o ilegal, ya sea infante, niño, adolescente, adulto o anciano, que vive en este país. Mas de 350,000,000 de armas existen fuera de las fuerzas armadas y en mano de los residentes de la nación estadounidense. Es la mayor cantidad per cápita del mundo. Unas 122 armas por cada 100 residentes mayor de edad. Pero esa suma, es aún más sorprendente, cuando conoces que ese tercio de billón de armas de fuego están alojadas en 38% de la población. Y más alarmante aun es que la mitad de estos dispositivos son propiedad de solo el 3% de la población.

El escenario que favorece la necesidad de adquirir al punto de que ya lo que se está haciendo es almacenar armas, son dos. La primera es de carácter político y se vivió recientemente, con la falsa amenaza divulgada por parte de los conservadores, de que los liberales bajo la administración de Obama, derogarían la Segunda Enmienda y, por ende, regulaciones sobre el derecho a la adquisición de armas, hasta al punto de despojar la nación de las mismas. El segunda es la creación y difusión del pánico que advierte a los anglosajones, de que la nación americana se está cada vez alejando más de los valores y colores tradicionales que la definían.  Y ahí el punto de los extranjeros.

La constitución de los Estados Unidos es para todos y aplica a todos. El hecho de que haya más o menos extranjeros viviendo en ella, no limita estos a tener acceso a los mismos derechos que ella emite. El asunto radica en que cuando el agresor es una persona de tez blanca, la sinopsis es que esta mentalmente enfermo. Pero si es de color o inmigrante, entonces la palabra terrorista se convierte en parte del diagnóstico. Y surgen las leyes de exclusión, los muros y las limitaciones en visas, servicios básicos y facilidades gubernamentales.

Así como la masacre escolar de Columbine, donde perecieron 13 personas en 1999 no fue suficiente para que los legisladores accionaran, aparentemente tampoco lo ha sido los recientes eventos de tiroteos masivos, como el de Parkland en la Florida, donde murieron 14 estudiantes y tres adultos. Aparentemente no bastó la ejecución de 49 personas en una Disco de Orlando en el 2016. Ni las 58 personas, este pasado octubre, en Las Vegas. Ni mucho menos los 12 muertos en un cine de Colorado o los 20 infantes y 6 adultos que fueron asesinados en Sandy Hook en el 2012. No es sorpresa de que todos eran blancos.

Los conservadores se han mantenido firme en su apoyo a la Asociación Nacional de Rifle, que bien le costea sus campañas y aseguran que no se logre nueva legislación o que se considere la revisión de la misma Segunda Enmienda. Paradójicamente, entre las primeras medidas que tomaron sobre los países como el nuestro, cuando fueron ocupados por los “americanos”, durante el siglo pasado, fue el despojar a sus ciudadanos, de toda arma de fuego.