Una Rosa imperdible, cuando Bosch se siente noble, intimo, rural y poeta.

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José Rafael Sosa

Como tantas otras veces, los minutos que transcurren antes de iniciar un montaje de teatro, el espectador se hace las expectativas por lo que habrá de pasar en escena, sobre todo si se trata de una dramaturgia que rescata para las presentes generaciones, un cuento tan escasamente conocido como Rosa, tomado de las páginas del Mas Cuentos Escritos en el Exilio.

Las incógnitas se despejan cuando inician las acciones. Lo que ocurre de inmediato, con las primeras líneas de Manuel Raposo (Juan), – exquisito en la forma en que se hace dueño del crucial papel protagonista- cautivando con la fuerza de una narrativa sensible, detallada y de un vuelo poético  que, a tiempo que hablaba, hacía sentir que nos hablaba a oído, claro, y tierno, un Juan Bosch, que – como ocurre con los creadores literarios verdaderos, vive a nuestro lado gracias a su don narrativo, el de una obra que o finaliza cuando quien la ha escrito, ha partido.

El rescate de esta historia de amor, que aporta una manera lúdica y noble de describir personajes y ambientes del campo, que siento locales, están vestidos de universalidad, por su código lingüístico al alcance, en esa  tejido hermoso y efectivo de palabras, adjetivos y conceptos. Es que Bosch vuelve a ser, vuelve a trascenderse.

Raposo, a partir de una capacidad histriónica que se antoja cómplice y limpia frente al público, pronuncia la entrada que nos deja indefensos y absortos:

La sequia de los nueve meses acabó con el Cibao. Los viejos no recordaban castigo igual. La tierra tostada crujía bajo el pie, los caminos ardían como zanjas de fuego, los potreros se quedaron pelados. Las familias se acostaban sin haber comido y los animales que habían sobrevivido no tenían fuerzas ni para espantar las moscas”. 

Lo que ha logrado la Compañía Nacional de Teatro, con la dramaturgia y dirección de Fausto Rojas, que ya el ano pasado hizo lo propio con Yago, no tiene forma de ser descrito adecuadamente. Es una experiencia para ser vivida.

Igualmente son notables las actuaciones de Pachy Méndez (Rosa), Maggy Liranzo (Marta), Johnnié Mercedes (Nisio Santos), Miguel Bucarelly (Amézquita) y  Ernesto Báez (Inocencio), con un aporte actoral del nivel que demanda un trabajo tan significativo.

Se debe destacar el manejo de marionetas a vista de público de Canek Denis (Rabonegro) y Alejandro Moss (Mariposa), una interpretación técnica y artística con sus dos mascotas, graciosas y auténticas como pocas veces se ha visto en ese escenario de Bellas Artes. Ir a ver la conducción de esos perros, que empalman con la imaginación del publico que ve que son muñecos de sacos y alambre, pese a lo cual, causan una empatía cual si fueran seres vivos.

A 100 pesos

La entrada para disfrutar del montaje Rosa, a cargo de la Compañía Nacional de Teatro, es de 100 pesos, por disposición del Ministerio de Cultura.

La historia 

Rosa es una búsqueda de un camino en su aventurera existencia Juan retorna con el viejo Amézquita a las tierras de este, con sus reses, pero sobre todo donde está su hermosa hija Rosa. Parece probable que entre Juan y la muchacha se inicie un romance que pudiera culminar con el emparejamiento definitivo para beneplácito del viejo, si no fuera por las intrigas de los chismosos de siempre que, con sus malintencionados comentarios, activan los sentimientos encontrados de libertad, del rechazo a las ataduras y su sentido del honor.