La estrategia mal intencionada del Danilismo para la campaña 2020

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Por: Misael Pérez Montero.

País Vasco, España. Mis disculpas a los Peledeistas-Danilistas serios que aun puedan existir, ¿Si es que los hay?, creo que sería muy bueno que ustedes desarrollen su publicidad, primero; de una posible reelección, segundo de la candidatura de Castillo, y tercero del apoyo que darían a Hipólito Mejía en caso de que las dos primeras opciones fallasen; al menos “con criterio y sin causarle más perjuicio y daños del que ya han causado a los que hacen el trabajo a cambio de nada (Las bases del Partido de la Liberación Dominicana (PLD)”.

Este sector del peledé siempre ha entendido que la mala publicidad puede reemplazar la preparación de un gobierno que realmente respondió a las necesidades y expectativas de sus votantes como lo fue el gobierno de Leonel Fernández en el 1996-2004-2008 y como lo volverá hacer en el 2020. Quizá en el corto plazo de la vida, con algo de suerte, sus propósitos y candidatos impuestos resulten electos, pero sin duda terminarán rechazados por el partido, la población y quedaran condenados al juicio popular posterior.

En efecto, como estrategia antes de lanzar al mercado una reelección tras otra como buenos políticos que son; siempre siguen un proceso de márketing que implica, primero; estudiar bien al oponente interno y con ello aplicar el descredito a través de la influencia publicitaria periodista, a esto llamamos manipulación de masas o monopolio de la opinión pública, en contra del que consideren adversario y si con esto no obtienen ningún resultado entonces pasan al segundo plan que es el chantaje o la cohesión con expedientes fabricados al vapor y si esto también les falla entonces recurren al tercer y último plan, el único que pocos hombres resisten; comprarle sin importar el precio a pagar.

¿Qué diferencia existe entre los Danilistas y los demás peledeistas? ¡Que los primeros lanzan sus campañas sin conocer realmente el candidato/la candidata de preferencia dentro de las bases del partido, ya que tienen como única guía sus propias aspiraciones, antes que las de los votantes de su propio partido! (¡Su quehacer político es: Quiero ser presidente o deseo imponer a tal presidente, aunque no sepa si es de la simpatía de las bases del partido que has de darle el voto!).

A veces ni siquiera preparan al candidato, tal es el caso de Gonzalo Castillo dentro del Danilismo; esperando que los militantes del peledé y  la gente vote primero por ellos (como si dijeran: “Primero vótame  y después averigua quien soy como presidente”). Y es que, por cierto, candidatos como este y otros tantos, si llegasen a ganar unas presidenciales forman su equipo de gobierno en el camino, dependiendo de las circunstancias, con familiares, amigos, cuñados, comadres y compadres; empresarios conocidos en el sector privados, olvidando así, la relación que debe existir entre gobierno-partido. Por ejemplo: El gobierno de Danilo Medina es el que más énfasis hace en esta postura política.

Pero este aspecto es solamente un lado de la ecuación política del Danilismo, porque si se quieren vender candidatos no potables y sin posibilidad alguna es porque entienden que los peledeistas no hacen el esfuerzo necesario para elegir al más conveniente. Es aceptable que internamente los peledeistas se hayan equivocado en el 2012 pues no había más opción, y hasta que se les haya impuesto una reelección, a través del Comité Político, pero si eso pasase en el 2020, con seguridad el problema está arraigado en las bases del peledé y no en el candidato que se le imponga.

Y lo mismo sucede, si estas (Las bases del peledé) dejasen que el Danilismo les imponga su candidato  de seguro tendremos un gobernante divorciado del partido y más atento a sus empresas que a los quehaceres del Estado. Si los electores peledeistas quisieran seleccionar a la persona (y equipo) que realmente camina en consonancia con su partido y el desarrollo de la sociedad solo debe remontarse en el pasado y ver el antes y el después de la llegada al gobierno de Leonel Fernández (1996-2000/2004-2008/2008-2012).

Si nos equivocamos una vez, pase, es parte del aprendizaje de la democracia, pero si varias veces elegimos y luego terminamos quejándonos del elegido, como ha pasado en las últimas dos elecciones 2012-2016/2016, sin duda el problema es también nuestro.