En RD manda Trujillo, en el cielo manda Dios

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Por Marino Baez

En República Dominicana manda Trujillo, en el cielo manda DiosAsí rezaba una placa que tenían incrustadas en los setos de maderas, paredes de concretos y hasta en las mesas donde se ingerían los alimentos, exhibidas con orgullo por propietarios de viviendas, allegados al régimen de Rafael Leónidas Trujillo Molina, quienes les tenían un gran reconocimiento y arguían con esmero las iniciativas del “Jefe” contra la delincuencia que se generaba en el proceso de la dictadura.

 El incierto panorama de inseguridad que viven los dominicanos ha cambiado comportamiento del ciudadano común, crítico de la mala administración política y del sombrío proceso de corrupción, delincuencia y mal manejo de los recursos públicos, lo que al parecer, le ha dado un giro cambiante a su forma de pensar, defendiendo el derecho que tienen los dominicanos de elegir y ser elegido.

Quizás por estos inquisitivos problemas que afectan la economía, además del deslumbrante entramado que soporta el fenómeno de la corrupción administrativa; y a pesar de las elevadas recaudaciones provenientes del pago de impuestos, una gran parte de los dominicanos han decidido apoyar las aspiraciones del hijo de Angelita, Ranfy, nieto de Trujillo.

 De acuerdo con la historia ofrecida a media sobre la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, en los gobiernos encabezados por el ídolo de unos cuantos y demonio de la mayor parte de los dominicanos, se cabalgaba en medio de la sangre, debido a los centenares de asesinatos que se registraban tomando como punto mediático las secuelas de muertes registradas para esa época. Se habla mucho de los hechos pero no de las causas que generaron los mismos hechos.

 Para definir el significado de una dictadura no hay que vivirla. Si nos remontamos al “régimen dictatorial” de Trujillo; o quizás, a los funestos doce años de Joaquín Balaguer Ricardo, los cuales tiñeron de sangre el país y dejaron a muchas familias en la orfandad. Una dictadura está fundamentada en un gobierno que prescinde del ordenamiento jurídico y de la legislación vigente para ejercer su poderío sin ningún tipo de oposición.

 El Gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), no quiere ausentarse del poder. Con los recursos del estado ha sobornado a empresarios, medios de comunicación, periodistas, profesionales, organizaciones no gubernamentales, representantes de iglesias católicas, protestantes, partidos políticos, y a todos aquellos que están en contra de su mala administración, además de abrir la frontera para que los haitianos invadan nuestro país.

Su estrategia le ha dado buenos resultados, porque no tienen oposición, llegando al extremo de que si no pueden sobornar o callar a sus opositores, lo cuestionan con mentiras y luego le pasan factura. A caso, ¿no esto una verdadera y real dictadura lo que estamos viviendo?

 Nunca estaré de acuerdo con una dictadura donde el presidente, funcionarios y ministros de gobierno administren el Estado a su libre albedrío, sin embargo, entiendo que nuestra Constitución, permite a todo ciudadano dominicano, elegir y ser elegido, lo que le otorga derechos sustantivos a Ranfy Trujillo, para registrar un partido en la Junta Central Electoral (JCE) y aspire a la presidencia de la República.

 Aquel que desee convertirse en maestro del hombre (Jalil Gibran), debe empezar por enseñarse así mismo antes de enseñar a los demás; y debe enseñar primero con el ejemplo antes de que lo haga verbalmente. Pues aquel que se enseña a sí mismo y rectifica sus propios procedimientos, merece más respeto y estimación que el que enseña y corrige a otros, eximiéndose a él mismo”.

 Desde que en pleno Palacio de Gobierno, el doctor Joaquín Balaguer, definió la Constitución “como un simple pedazo de papel, que si se moja no tiene valor”, los partidos tradicionales violan sus articulados y acápites constantemente y sólo toman en cuenta sus considerandos cuando les favorecen, a los fines de impedir que otros aspiren a dirigir los destinos del país y se puedan generar cambios y estabilidad en la economía. 

 La democracia se ejerce cuando se respetan los principios y no se violan los derechos del ciudadano.