Hacia una cultura de la transparencia

Lic. Alexis Martinez Olivo

Recordamos que hace  alrededor de un año  impartimos  una conferencia sobre el Perfil del Funcionario Público en el siglo XXI dentro de un esquema de mejora continua y participación ciudadana  por invitación del  MAP- Ministerio de Administración Pública  y   CLAD-Consejo Latinoamericano de administración Pública,    y la cual se hizo  dentro del marco  de un interesante  congreso internacional dirigido a funcionarios públicos dominicanos y de América Latina .

En este congreso recordamos que hubo un denominador común ( ya sea explicito o implícito) entre todos los disertantes , el cual era la urgente necesidad de que el liderazgo de las organizaciones ya sean públicas , privadas o no Gubernamentales  comprendan que  para poder servir dentro de un esquema de calidad y participación ciudadana se hace  necesario   fomentar en nuestros países de América Latina  una cultura de la transparencia.

Cada día estamos más convencidos de que la falta  de transparencia en las organizaciones han facilitado tradicionalmente    practicas gerenciales nocivas   contra ciudadanos, clientes y diferentes grupos de interés.  Desde épocas muy remotas se recogen en la historia tanto en el mundo como en nuestro país   un  sinnúmero de situaciones   fraudulentas,   oscuras, y por consiguiente desapegadas de patrones éticos y morales, las cuales  muchos directivos a diferentes niveles de la pirámide organizacional han replicado y continúan reproduciendo . Por ejemplo  producto de la falta de transparencia en  Inglaterra la historia recoge por ejemplo el primer fraude bancario en el siglo XVIII  mejor conocido con el nombre de la burbuja de los mares azules, donde ejecutivos empresariales aprovechando la falta de transparencia se adueñaron de las acciones y afectando a terceros y con la lamentable situación de que no recibieron las penalizaciones legales que merecían.

Si analizamos la historia en  los  siglos XIX y XX se pueden encontrar  una inmensa cantidad de casos donde la mano oculta de líderes empresariales   , hasta tal punto que si investigamos a profundidad  sobre esos periodos se hace difícil encontrar previo a esa  época una etapa de la humanidad  donde los fraudes empresariales hayan florecido tanto.

Entrando ya  a este siglo XXI,  podemos observar  en el mismo de como en su   máxima expresión  las nebulosas practicas gerenciales a nivel global    han causado los mayores  daños, hasta tal punto de que con mucha preocupación,  a pesar de que apenas estamos en el  primer cuarto de este siglo  algunos estudiosos del campo de la ética empresarial ya han comenzado a llamar a esta época como la era del fraude.

A principio de la década del 2000 muchos recordamos el nefasto caso de la famosa empresa multinacional La  Enron, el cual generó pérdidas   por más de 11 mil  millones de dólares, y  la quiebra a millares de personas. En este caso pudimos observar como la séptima  empresa más importante de Estados Unidos , con operaciones en más de 40 paises,  de una “reputada” solvencia moral , reconocida inclusive por la revista Fortune  dentro de los 100 mejores empleadores , renqueada también entre 1996 al 2000 dentro de las empresas más innovadoras  sus ejecutivos quedaron al descubierto cuando se desveló su manto. Esto provocó que  pasó en menos de un quinquenio  a cotizarse el valor de sus acciones en los mercados bursátiles  de  90 dólares a solo  1 dólar.  Recordamos que nuestro país en esa época tampoco fue la excepción lo que trajo consigo en el caso de la banca el fortalecimiento de las regulaciones bancarias. .

Con esa cultura de la falta de transparencia muchos  directivos  contribuyen a fomentar la cultura del fraude, sin detenerse a pensar que las acciones negativas que fomentamos   tienen  cada vez  un impacto mayor   por la cantidad de gente que afectan, y sin pensar tan poco  que estas acciones generan  un  mayor repudio social  gracias al  creciente empoderamiento ciudadano proporcionado entre otros aspectos por las   telecomunicaciones  y  las redes sociales,  que le ofrecen a la sociedad  con tan sólo  un solo click informarse de asuntos  que en décadas pasadas nunca imaginaríamos  .

Lo anterior expresado    hace a los ejecutivos y a todo el que trabaja para una organización  cada vez más vulnerables y los debe de motivar a entender que los  funcionarios y empleados  públicos y privados  del siglo XXI están trabajando en lugares muy parecidos a una pecera de  un vidrio cristalino  cubierta por un manto,  el cual se puede desvelar cuando menos se lo espere, tal y  como se puede observar   con los famosos Wikileaks  y los famosos papeles de Panamá de la oficina Mossack Fonsecka  y en donde en muchos casos se pueden observar como individuos con tal de lograr objetivos personales  y a expensas de los intereses colectivos   desafían la cultura de la transparencia .  /

A principio de la década del 2000 muchos recordamos el nefasto caso de la famosa empresa multinacional La  Enron, el cual generó pérdidas   por más de 11 mil  millones de dólares, y  la quiebra a millares de personas. En este caso pudimos observar como la séptima  empresa más importante de Estados Unidos , con operaciones en más de 40 paises,  de una “reputada” solvencia moral , reconocida inclusive por la revista Fortune  dentro de los 100 mejores empleadores , renqueada también entre 1996 al 2000 dentro de las empresas más innovadoras  sus ejecutivos quedaron al descubierto cuando se desveló su manto. Esto provocó que  pasó en menos de un quinquenio  a cotizarse el valor de sus acciones en los mercados bursátiles  de  90 dólares a solo  1 dólar.  Recordamos que nuestro país en esa época tampoco fue la excepción .

Lo  penoso de lo anterior señalado  es como vemos a diario en nuestro   país como   muchas  personas que administran recursos públicos y privados   replican con mucha frecuencia practicas de falta de transparencias que a todas luces son contradictorias  a las expectativas, anhelos y deseos de esta sociedad   del siglo XXI.

Ante este panorama, en el caso Dominicano hacemos un llamado   a que sectores gubernamentales, empresariales, académicos y de  la denominada sociedad civil definan  una agenda común,  mediante la cual se apoyen las iniciativas existentes y se  premien más aquellas practicas promisorias  gerenciales que auspician la transparencia; así como para que se castigue con su justo repudio social la falta de transparencia  y se propicien  leyes más severas, con  mecanismos de aplicación más eficientes que propicien un camino más claro , firme y persistente   hacia una cultura de la transparencia .

AUTOR: Por Lic. Alexis Martinez Olivo, especialista en gestión humana y vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), miembro de FUDDAPRO-RD 

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