Hallazgos de grupo de investigadores se suman a la evidencia de que bacterias causan Periodontit

Dental hygiene as an oral health symbol with a single molar and a group of three dimensional bacteria causing tooth disease destroying enamel resulting in cavities and gum disease on a white background.

Un grupo de investigadores de la Universidad Johns Hopkins reporta que cuenta con nueva evidencia de que una bacteria asociada con enfermedad periodontal crónica, también es el factor desencadenante de la “autoinmunidad” que caracteriza la destrucción de las articulaciones en la artritis reumatoide (AR). Según estos investigadores, los nuevos hallazgos brindan información novedosa que puede repercutir en la prevención y el tratamiento de la AR.

En un artículo publicado en la edición del 14 de diciembre en la revista Science Translational Medicine, los investigadores informan que el denominador común entre la periodontitis (enfermedad de las encías), y un gran número de pacientes con AR, es la bacteria Aggregatibacter actinomycetemcomitans. La infección provocada por esta bacteria parece inducir la producción de proteínas citrulinadas, las cuales, se sospecha, activan el sistema inmunitario provocando la reacción inflamatoria que desencadena la AR.

“Esto es como poner las últimas piezas de un complicado rompecabezas en el que has trabajando por años”, explica el Dr. Felipe Andrade, investigador principal del estudio y profesor adjunto de Medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

“Esta investigación es quizás lo más cercano a descubrir la causa fundamental de la AR”, añade el autor principal del estudio, el Dr. Maximilian F. Konig, quien realizo estudios postdoctorales en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, y actualmente es residente de Medicina Interna en el Hospital General de Massachusetts.

Desde principios del siglo XX, investigadores médicos habían notado una relación clínica entre la periodontitis y la AR y, con el tiempo, se ha llegado a la conclusión de que ambas enfermedades pueden ser provocadas por un factor común. En la última década, múltiples investigadores se han concentrado en el estudio de la AR y una bacteria conocida como Porphyromonas gingivalis, la cual se asocia con la enfermedad periodontal. Sin embargo, pese a que existe una gran expectativa de que esta bacteria pudiera ser la causa de la AR a través de inducir la citrulinación de proteínas, todos los esfuerzos de nuestra parte han fallado para corroborar esta asociación, explica Andrade. A pesar de esto, su equipo ha persistido en la búsqueda de otros factores que pudieran estar involucrados, dice él, debido al fascinante vínculo entre la periodontitis y la AR.

El equipo de investigadores de este estudio, que consiste de expertos en microbiología periodontal, periodontitis y AR, comenzó la búsqueda de un denominador común que pudiera asociar a ambas enfermedades. Las primeras pistas se obtuvieron del análisis de muestras obtenidas de pacientes con periodontitis en las que se descubrió que un proceso similar, que ya antes se había observado en las articulaciones de pacientes con AR, se estaba manifestando en las encías de pacientes con periodontitis. Este denominador común es conocido como hipercitrulinación.

Andrade explica que la citrulinación ocurre en todas las personas de manera natural como un medio para regular la función de las proteínas. Pero en pacientes con AR el proceso se vuelve hiperactivo, resultando en una acumulación anormal de las proteínas citrulinadas. Esto lleva a la producción de anticuerpos que atacan a estas proteínas, lo que causa inflamación y daño a los tejidos sanos de la persona, lo cual es una característica distintiva de la AR.

Entre las distintas bacterias asociadas con la periodontitis, el equipo investigador descubrió que la A. actinomycetemcomitans fue el único patógeno capaz de inducir la hipercitrulinación en los neutrófilos, leucocitos enriquecidos con las enzimas peptidilarginina deiminasas (PAD) requeridas para la citrulinación. Los neutrófilos son las células inflamatorias más abundantes en las articulaciones y las encías de los pacientes con AR y periodontitis, explican los investigadores. A estas células se les ha estudiado durante años, y se les considera como el origen principal de la hipercitrulinación en la AR.

La bacteria A. actinomycetemcomitans inicia la hipercitrulinación por medio de la secreción de una toxina, la leucotoxina A (LtxA), la cual usa como una estrategia de autodefensa para matar las células inmunitarias de la persona infectada. La toxina produce agujeros en la superficie de los neutrófilos, lo que permite que un flujo abundante de calcio penetre las células donde las concentraciones normalmente son bajas. Ya que las enzimas PAD se activan con calcio, la exposición abrupta de altas concentraciones de calcio provoca una hiperactividad de estas enzimas y se genera la hipercitrulinación.

Anteriormente, los investigadores habían descubierto que un tipo similar de proteínas formadora de poros, producidas por células inmunes del huésped para matar patógenos, son responsable de activar hipercitrulinación en las articulaciones de los pacientes con AR. Estas conclusiones apuntan a que un mecanismo común, el de la producción de agujeros en las células, puede ser relevante tanto para el inicio como para la consolidación de la AR, comenta Andrade.

Como parte del estudio, el equipo de investigadores desarrolló una prueba que utiliza la bacteria y la LtxA para detectar anticuerpos en sangre contra la A. actinomycetemcomitans. En un estudio de 196 pacientes con AR, los investigadores descubrieron que casi la mitad de los pacientes, 92 de los 196, mostraban indicios de infección por la A. actinomycetemcomitans. Estos datos son muy similares a la información obtenida de pacientes con periodontitis, cuyo porcentaje de positividad es cercano al 60 por ciento, pero contrasta con el estudio de personas sanas, en donde se encontró que solo un 11 por ciento de los individuos muestran evidencia de infección con la A. actinomycetemcomitans. Un dato sorprendente del estudio es que la exposición a la A. actinomycetemcomitans fue un factor determinante en la producción de anticuerpos contra las proteínas citrulinadas en pacientes con predisposición genética a la AR.

Andrade advierte que más del 50 por ciento de los participantes en el estudio, diagnosticados con AR, no mostraron indicios de infección por A. actinomycetemcomitans, lo cual, según él, puede ser indicación de que otras bacterias en sitios como el intestino, pulmones o en otras áreas puedan estarse valiendo de un mecanismo similar para inducir la hipercitrulinación.

Así mismo, Andrade advierte que la investigación de su equipo solo estudió a pacientes con AR en un momento determinado en la evolución de la enfermedad. Para sustentar que la A. actinomycetemcomitans puede ser la causa de la AR, aún es necesario realizar una investigación más extensa para determinar el posible papel que juega la bacteria en la aparición y la evolución de la enfermedad, lo cual puede durar décadas. “Si tenemos un mayor conocimiento de la evolución de ambas enfermedades, tal vez podríamos no solo modificar si no también prevenir el desarrollo de la AR.”

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention), se estima que un millón y medio de personas en los EE.UU. viven con artritis reumatoide. Los tratamientos actuales con corticoesteroides, fármacos inmunorreguladores y fisioterapia ayudan a reducir o a ralentizar el dolor y deformidad en las articulaciones en algunos pacientes, pero no en todos. La exploración de opciones de tratamiento es imprescindible.

Otros investigadores de Johns Hopkins son Kevon Sampson y el Dr. Antony Rosen.

Los fondos para esta investigación provienen de la Fundación Jerome L. Greene, la Fundación Donald B. y Dorothy L. Stabler, la Fundación Bechara, la Fundación para las Investigaciones en Reumatología, el Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculoesqueléticas y de la Piel (NIAMS, por sus siglas en inglés) bajo las subvenciones de números R01AR069569 y AR050026-01, el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial (NIDCR, por sus siglas en inglés) bajo las subvenciones de números DE021127-01 y R37 DE12354 y el Programa de Investigaciones Intramuro del NIDCR.

 

 

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