Nicolás Maduro: entre “el caracazo y el cacerolazo”

Jesús Rojas, periodista
Jesús Rojas, periodista

Por Jesús Rojas

La marcha multitudinaria protagonizada por la oposición de Venezuela encabezada por la coalición Mesa de la Unidad Democrática el pasado primero de septiembre y que concentró a más de un millón de ciudadanos en Caracas, constituye un “toque de campana” a un gobierno renuente a reconocer la realidad que amenaza a todos y cuyo final podría resultar contraproducente.

Esos miles de venezolanos, procedentes de los cuatro puntos cardinales del país, quienes ocuparon todas las vías y arterias de tráfico principales de la Capital constituyen la prueba más fehaciente de la impopularidad y el rechazo a un régimen represivo, ciego y sordo al clamor de “la otra Venezuela”, la no oficial, la de los políticos encarcelados y los comunicadores reprimidos.

Al mismo tiempo, es una señal a los vecinos cercanos y al resto del mundo de la manifiesta voluntad de un segmento significativo del pueblo venezolano puesto como Fuente Ovejuna, “todos a una”, para hacer patente su disgusto y repudio absoluto a un estado de cosas prohijado por los responsables de la debacle política, económica y moral del otrora rico y admirado país sudamericano.

La crítica situación de escasez, desabastecimiento, penurias familiares y peor aún, la pérdida de la esperanza que ha llevado a muchas mujeres venezolanas a prostituirse o a vender sus abundantes cabelleras en la zona fronteriza colombiana de Cúcuta, para ayudar económicamente a sus familias, dramatiza minuto a minuto el fracaso de un gobierno populista y progresista que prometió el oro y el moro; pero que al final, pretende alzarse con el santo y la limosna.

El “caracazo civil y el cacerolazo popular” pacíficos que patrocina la oposición civil en Venezuela, lo cual continúa con episodios esporádicos al presente, es evidencia inequívoca de que el venezolano común traspasó la línea psicológica del miedo a la represión y a las amenazas del régimen de Maduro, y ha decidido tomar en sus manos el pulso y el rumbo de su historia al precio que sea necesario pagar.

El presidente Venezuela Nicolas Maduro.
El presidente Venezuela Nicolas Maduro.

El ejemplo más dramático ocurrió el viernes dos de septiembre cuando Nicolás Maduro acudió a la localidad de Santa Rosa, Isla Margarita, Estado de Nueva Esparta, para inaugurar varias obras, siendo recibido y acorralado en la vía pública por una airada multitud antichavista en medio de un cacerolazo nocturno y en repudio manifiesto a su presencia allí y a todo lo que él representa.

La respuesta no se hizo esperar con más de veinte detenidos. En un video difundido por el portal cibernético www.maduradas.com  se observa al gobernante y a su troupe acosados, perseguidos y hostigado por una multitud integrada por hombres, mujeres y niños, con el estruendo de fondo de cientos

de cacerolas que como un eco infinito de justicia retumbaban en la oscuridad nocturna cual Rosario de la Aurora. El alcalde de La Asunción, Richard Fermín, asegura que el presidente Maduro agredió físicamente a una mujer identificada como Eudys Marcano, en medio de insultos y encontronazos, así como a sus familiares y amigos.

En sendos Twitter remitidos por el alcalde Enrique Capriles se subraya que Venezuela entera apoya a la comunidad de Villa Rosa, tras calificar la reacción de Maduro como un atropello, mientras que el líder opositor Jesús “Chuo” Torrealba, señala en otro mensaje que el jefe de Estado le mentó la madre al presidente de la Asamblea Nacional, Ramos Allut, por la TV, y agredió físicamente a quienes le “caceroleaban” en Margarita; mientras el periodista Leopoldo Castillo afirma que el Presidente se bajó a caerse a golpes con el Pueblo durante el cacerolazo en Margarita, un día después de la apoteósica Toma de Caracas.

Todos estos síntomas de descontento social en Venezuela, más el enfrentamiento entre el Legislativo y el Judicial, sumado a la teoría oficial del golpe de estado y de otras excusas infundadas, inevitablemente irán en aumento como resultado de una ira nacional acumulada y alimentada por la frustración popular frente a un Gobierno que ha demostrado rechazo, indiferencia y desprecio por resolver necesidades humanas básicas, que apela a la represión, viola los derechos humanos y transgrede los límites esenciales de la decencia y el decoro de un Pueblo que no se deja y con un largo historial democrático.

El último capítulo de la historia política y social de Venezuela aún no se ha escrito. Sus episodios recuerdan los días aciagos del alzamiento popular en Rumanía que culminó con la caída del régimen estalinista de Nicolae Ceaucescu, ejecutado el 25 de diciembre de 1989 poco antes del colapso del Muro de Berlín, en Alemania, por cargos de genocidio, daños a la economía nacional y abuso de poder, en la transición violenta de un estado socialista que implicó la ejecución de los principales líderes del país.

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