Y a pesar de todo, somos felices

Yovanny A. Díaz Mendoza
Yovanny A. Díaz Mendoza, abogado dominicano y emprendedor social por el cambio

Por Yovanny A. Díaz Mendoza

Érase una vez mi país “En el mismo trayecto del Sol” donde los actos de la administración pública, es decir de los funcionarios del gobierno y de las alcaldías, eran un cuadro enmarcado por las páginas de las leyes, sujetados a la pared por el clavo de la fiscalización ciudadana, clavo fijado por el martillo del juez que juzga ejerciendo el mandato constitucional de interpretar la Ley y por tanto de someter a la administración a su contenido. Siempre aplicando el famoso jueguito de la independencia de los poderes que los obliga a controlarse los unos a los otros.

No como pasa en “Un país por ahí” donde a los jueces que juzgan son condenados al silencio, apresados en el olvido y torturados con el inmovilismo degradante; mientras el sistema promueve a los jueces que en vez de juzgar, juegan a ser jueces; en vez de sentencias de peso, toman por peso y dictan las sentencias; a los que el crespón le mancha la purpura y estudian los artículos de las leyes pensando en comprar los artículos del hogar. Y a pesar de todo en ese país preguntas y te dicen que son felices.

La verdad es que para un joven abogado la vida entre “ese país por ahí” y la del “trayecto del Sol” es un laberinto tan espiritual como material que nos eleva en un sueño posible y nos ahoga en lo absurdo que posibilita lo materialmente imposible.

Pese a que la defensa de las guaguas te agreden, la Amet es sinónimo de caos y el policía de miedo, no quiero dejar de soñar y continúo queriendo ver a mis nietos vivir el derecho porque el derecho no se estudia, se vive; y vuelvo y choco con lo material de “ese país por ahí” donde nos robaron el derecho de vivir el derecho y su legalidad dejándonos sólo con la realidad de cada mañana.

Quiero reír de “ese país por ahí” donde cualquier científico social teoriza la realidad institucional de los Estados Unidos, aunque diga Nueva York en la medida que degusta empanadas en la esquina; nadie quiere leer y es más fácil que me lo expliquen, donde ¿tu entendiste? y “na´a e´na´a”; que decir de sus funcionarios que ustedes no sepan.

Pero lo que sí sé es que los ciudadanos del “mismo trayecto del Sol” desde que pisan un Avión experimentan un cambio que les coloca entre los ciudadanos más cumplidores de la Ley, por tanto, la cultura de la legalidad que empiece por la casa, y la casa es la administración pública que debe estar bajo el Sol de la Ley que ilumine la forma de pensar y actuar de todos sus funcionarios desde el barrendero que tan digno trabajo realiza, hasta el tutumpote de lo más creído y creativo, al que necesitamos aterrizar con la responsabilidad de reparar los daños que causen sus acciones en perjuicio de la cosa pública.

Señores les confieso que mi sueño se llama la Ley del Control Judicial de la Administración Pública, tal como lo soñó nuestro patricio Juan Pablo Duarte “Todo poder dominicano está y deberá estar siempre, limitado por la ley y ésta por la justicia…”, lo que no significa darle el gobierno a los jueces, sino que el gobierno sea de la Ley y no de la voluntad individual de los hombres.

 

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