Juegos callejeros versus reggaeton

Dominga ValdezPor Dominga Valdez

Aquellos muchachos y muchachitas descalzos, delgados y en pantalones cortos, delgados… recorríamos calles sin asfaltar, callejones que colindaban con barrios aledaños, buscábamos no se qué cosas, simplemente explorando.

No había temor a caminar en nuestro sector, caminábamos a veces sin rumbo. En las tardes tranquilas, jugábamos muñecas las niñas y al bateao y vitilla los varones, luego todos nos gozamos el juego de el «topao» y al escondio.

Entrada la noche, hacíamos una ronda en plena calle, en el suelo la botella giraba, todas las muchachas contentas pues era la oportunidad de poder besar al «enamoraito», los varones, más feliz aún, pues descubrían cuál de ellas les gustaban.

Cuando se paraba la botella verde de cerveza o de Malta frente a mí,  honestamente me avergonzaba, pues miraba con mis enormes ojos, diciendo para mis adentros «¿A quién beso, a quién?  Porque realmente ninguno me atraía en aquel entonces, cuando en mi barrio querido Los Guandules, se podía jugar trúcamelo en frente de nuestras casas de maderas, con tinajas haciendo de nevera (agua mala esa).

Justamente hoy, mis recuerdos se trasladaron a mi niñez, al colmado y la ñapa, el conconete y el mabí de bohuco indio, todas esperando alegres los días de navidad, reyes y la Vieja Belén, para estrenar vestidos de tela,  arroz con coco,  que picaba como el diantre, medias blanca con bolitas y zapatos de charol, duro como cemento, además de un buen pasao de peine o una alisaita para ablandar las greñas duras como palos.

Ya allí,  no se puede jugar como antes, los arropó la delincuencia, aquellos juegos callejeros casi ni se ven ya, se continúan perdiendo nuestras tradiciones hermosas, van agonizando porque mis calles y tus calles, en nuestros sectores, tienen dueños, unos pilas de «M», flacos, arriesgados, asesinos, criminales, desertores escolares en pasolas, sembrando el terror entre los lugareños.

Ya no hay tradiciones, no existen los grupos de bailes folclóricos, teatro, nada de eso, las muchachitas desde chiquiticas ahora bailan es reggaeton, denbow, ahora la moda es chapeo, drinks, perreos y hookak.
Una maldita perdición de niñas «amujereadas «y jovenzuelos privando en hombres sin saber escribir siquiera correctamente, el lugar donde nacieron.

Esto tiene que parar y es ya señores. Cómo?  no sé. No me resigno a que no exista paz en nuestros barrios del ayer, lugar donde nacimos y extrañamos con el corazón.
No, no y no.

Nuestros barrios y sectores son de los lugareños, no de esos abusivos e insensatos muchachitos criados sin control y con faltas de par de pelas.

PAZ PARA NUESTROS  BARRIOS!
Que zozobra viven mis antiguos vecinos, por Dios!

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