Con la soga al cuello

Juan M. Valdez Frías
Juan M. Valdez Frías

Por Juan M. Valdez Frías

Los países ricos, no son ricos porque les caen la fortuna del cielo, los son porque hombres visionarios forjaron las bases económicas y políticas y establecieron instituciones funcionales que ayudaron a encarrilar por el camino del desarrollo sus respectivos países. La educación fue fundamental, como también lo fue el amor a su patria, a la par el aprovechamiento de las mejores oportunidades de los mercados.

En todos los niveles de la vida el más grande se impone al pequeño. Pero con el desarrollo de la democracia, el establecimiento de los derechos civiles, las injerencias políticas de las naciones poderosas hacia las naciones pobres, amparado en el respeto de la libre autodeterminación de sus instituciones políticas y económicas, la cadena de control, explotación e invasión, de manera directa, mermaron. Pero desarrollando la manera más efectiva y beneficiosa de mantener el control sobre los países: nos vendieron, y nosotros les compramos la idea neoliberal de vender todas las empresas del estado al sector privado, y que el estado pasara ser un simple recaudador de impuestos.

El problema no era que el estado fuera productor de bienes y servicios, fue que faltó la fiscalización y la buena administración.

Hoy en días, los dueños del dinero, dígase países y los grandes magnates que están dentro del mercado financiero y las empresas multinacionales que empujaron a establecer el sistema económico, controlan los mercados. Con la promesa de general empleo, (que no pasan de ser medio tiempo, sin ningún beneficios) se acogen a exenciones contributivas que las exime de pagar los impuestos que deberían pagar, recayendo sobre el pueblo la mayor carga contributiva, porque ellos, los mismos que nos vendieron la idea de salvación económica, hoy nos tienen de rodillas y atrapados en las redes de la deuda externa.

Aunque esto sea la causal del problema, el punto a colación de este artículo es otro.

La solución que nos queda al ciudadano común corto plazo es emigrar a estos países ricos, que aunque no lo dicen, por el impacto político que representa para el gobierno que tome carta en el asunto, se está convirtiendo en un severo dolor de cabeza a nivel de administración pública.

El eslabón que forma la cadena migratoria en el mundo lo están rompiendo. El muro construido por los Estados Unidos en la frontera con México es un mero ejemplo. El flujo continuo de inmigrantes procedentes de Calais que está azotando a Francia e Inglaterra, obligará a estos países de la eurozona a establecer medidas más drásticas, en el Caribe no nos quedamos atrás: Barbados y la Republica Dominicana se han visto en necesidad de establecer fuertes medidas de control con la emigración haitiana y en menor proporción, con otros extranjeros. Esto por mencionar algunos casos.

El problema, como todo en la vida es circular: los países ricos, en su afán de mantener el control financiero, empobrecen a otros países, cuyos ciudadanos emigran a ellos en busca de futuro, pero la emigración es tanta, que estas naciones no podrán con la carga económica y social y aplicaran control; pero el hambre tiene cara de hereje y muchos herejes juntos, buscando lo que todo el mundo ansia, puede provocar un estallido social.

Es tiempo de que los países ricos evalúen alternativas de ayuda y flexibilidad en cuanto a la deuda externa y que los países pobres y otros menos pobres y el conjunto de energúmenos políticos que nos administran entiendan: que es mejor producir, saber administrar, que tomar prestado.

El autor tiene un bachillerato en Administración de Empresas en concentración en contabilidad de la Universidad del Sagrado Corazon de Puerto Rico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *