A punto de la explosión

Juan M. Valdez Frías
Juan M. Valdez Frías

Por Juan M. Valdez Frías

Por todos los siglos, con todo y su amén, la manera de hacer política en la República Dominicana ha prevalecido el oscurantismo. Esa manera vaguada de hacer las cosas, con muy bajos beneficios para la población, pero con altos dividendos para los agregados políticos.

Las crisis económicas de Puerto Rico y Grecia, y de muchas otras naciones que se la están aguantando para no afectar aún más su situación financiera, deben servir de alarma a la Republica Dominicana (país sumido en el caos administrativo) para comenzar a enderezar, controlar y humanizar el gasto público.

Ya el señor presidente de la Republica, Danilo Medina, tiró el bolazo de fuego. No lo hizo para llenar de palabras bonitas su discurso, ni crear falsas expectativas, eso espero, sino porque el panorama económico mundial, cada día, es más sombrío y menos esperanzador.

La sociedad tiene que tener un rol más proactivo en la manera en que se hace política en el país. Porque dentro de las buenas intenciones de muchos políticos, se encuentra también las actitudes de aprovecharse del sistema.

El país ha sido llevado por un camino escabroso, imposible de salir a flote y con el mal presagio de zozobrar económicamente a corto plazo. Se están cumpliendo las obligaciones de pagos, no porque hay dinero, sino porque los servicios esenciales de la mayoría de la población dominicana se da a media y, en otras áreas distantes, no le llegan.

Los millones de pesos que saca el gobierno por mantener dividida la ciudad capital en varias sindicaturas es innecesarias. Como innecesarios son los famosos diputados de ultramar; esto por mencionar algunas de las cosas que se han hecho con la única finalidad de complacencia política, sin medir los gastos y productividad.

El país necesita una transformación política, si se desea alcanzar una transformación social.

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