Impunidad y gobernabilidad

Eduardo Álvarez
Eduardo Álvarez

El escenario de las confrontaciones políticas se ha mudado a las altas cortes. Con la agravante de que las sentencias de no ha lugar en favor del senador Félix Bautista y el alcalde de San Francisco de Macorís, Feliz Rodríguez, reafirman la notable influencia del ex presidente Leonel Fernández sobre las decisiones judiciales y su desprecio hacia el pueblo y las instituciones del Estado. Cuando no es independiente la justicia es un mito, y donde falta se impone el caos.

Fragilidad en la administración de justicia, expresadas en varias cuestiones, unas como respuestas concluyentes y otras como planteamientos aún sin despejar. En el caso de Félix Bautista, Leonel y sus cercanos midieron fuerza con los del presidente Danilo Medina. El agresivo y tenaz desempeño del procurador Domínguez Brito facilita las opiniones en este aspecto.

Da la impresión de que Leonel Fernández ha decido tomar un camino sin retorno, dispuesto a retomar el poder o ir al exilio –forzoso o voluntario-, esto es, “Horario o que entre el mar”. Violentar la justicia, amén de la impunidad, asumiendo un nivel de rechazo muy alto, y desafiar al pueblo y al Estado, no conducen a otro lugar. La proximidad de la más reciente sesión del Comité Político del PLD, a un solo día del afrentoso dictamen, ha dado lugar a conjeturas que vinculan las decisiones tomadas en ambos escenarios, de las cuales no están exentas la reelección del presidente Medina y las reiteradas aspiraciones del presidente del PLD.

La creciente popularidad del primero puede ser empañada por la impopularidad del segundo. Aun así, Leonel parece haber preferido usar el poder que le otorga el control de la justicia, sin importar que se lleve por delante el orden legal y la dignidad representada en el del jefe del Estado. Prueba a la que el PLD ha sido sometido hasta la escogencia de su candidato presidencial para los comicios del próximo año.

La falta de seguridad jurídica espanta la inversión extranjera, indignación la sociedad y, sobre todo, representa una seria amenaza para la gobernabilidad y la tranquilidad pública. La ocasión ha dado motivo al rescate de la frase levantisca del imbatible mexicano Emiliano Zapata: “Si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el Gobierno.”

Dada la inconsistencia de los electores, vale preguntarse ¿hasta cuándo la reputación del presidente Medina podrá mantenerse sin ser contaminada por la reputación de su antecesor? Porque, a decir verdad, los indicadores de aceptación del PLD y su actual presidente pueden llegar ser tan inseparables como cuestionables.

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