El verdadero Castañeda

Los periodistas Sucre Vásquez y Carlos M. Castañeda (fallecido) Fotomontaje realizado por www.diasporadominicana.com
Los periodistas Sucre Vásquez y Carlos M. Castañeda (fallecido) Fotomontaje realizado por www.diasporadominicana.com

Por Sucre Vásquez

CUANDO llegué a Puerto Rico, en 1972, estuve explorando a posibilidades de trabajo en los diarios El Imparcial, El Mundo y finalmente en El Nuevo Día, habiendo sido colaborador del Listin Diario desde 1968, diario del cual era becario en el Instituto Dominicano de Periodismo, del cual soy egresado de su primera promoción en 1970, año en que entro al prominente diario ( de entonces) El Caribe, mientras en 1971 paso a ser parte del equipo fundador del diario El Sol en la redacción de Santo Domingo, junto a mi amigo, insigne periodista y escritor Bonaparte Gautereaux Piñeyro, que era el jefe de la oficina. Simultáneamente trabajaba en Informativo Nacional de ABC Radio, producido por el Dr. Salvador Pittaluga, y luego paso a la redacción de Radio Cristal, dirigida por el gran periodista Aníbal de Castro y de la cual era Juan Bolívar Díaz (a su regreso de México) reportero estrella.

Ahí íbamos con éxito total y gran aceptación a nivel nacional hasta que el millonario empresario Elizardo Dickson ( ligado a la familia Vicini) decide cerrar el estelar departamento de prensa de Radio Cristal. Mientras cubría fuentes noticiosas en el Palacio Nacional y la Cancillería ( primero por El Sol y luego para Radio Cristal) hago amistad con jóvenes edecanes de la Cancillería que cobraron gran afecto, quizás por mi prístina juventud, pues era un muchacho de Neiba, un pueblecito fronterizo pobre y olvidado, tratando de tu a tu con delfines de las clases más altas de la capital dominicana.

Uno de ellos, que había estudiado ciencias políticas en Barcelona, cuyo nombre no recuerdo, me dijo: «Sucre vete ahora de este país, porque en algún momento embarazarás a una muchacha, o te casas, y te quedarás para siempre dando vueltas, los domingos, en el malecón, sin conocer el mundo amplio…» Capté el consejo y salí para Chile, vía Puerto Rico, para estudiar en ese país, al que nunca llegué, porque paré en Puerto Rico a buscar agua y carbón para poder llegar a mi meta que era entonces: ¡llegar a Chile.,! Así las cosas, el diario El Mundo, que era mi meta inicial, estaba sumido en una violenta huelga con líneas de piquetes, en la cual hablo con el reportero Salvador Guzman y me explica, en las aceras, frente al diario y me orienta sobre otras posibilidades en El Imparcial y en El Nuevo Día. Como tenía una visa de un mes y una entrada, tuve que agilizar mis pasos… en El Imparcial me recibe con mucha amabilidad el periodista cubano José (Pepín) Gutiérrez y me eplica que es imposible que me puedan emplear porque era sumamente difícil que me otorgaran una visa permanente con derecho a trabajo, ya que en Puerto Rico, habían muy buenos periodistas y que era difícil justificar una visa especial porque otros podían realizar mi trabajo.

Esa misma mañana bajo en una guagua desde el Viejo San Juan, con mi fino traje gris de lana, confeccionado en Barcelona ( y que me lo había vendido el «señorito» de la Cancillería) .

Llego a El Nuevo Día y me recibe el Director fundador de ese diario, Carlos M. Castañeda, me recibe de pie ( quedo impresionado por sus agudos ojos azules y su ordenado pelo Rubio, peinado con vaselina ) y me dice lo mismo que Pepín Gutiérrez. Entonces analizo, y me quedo unos días más en Puerto Rico, hasta que se cumpliera el permiso de 20 días que me había dado Inmigración, en esos días, por un anuncio, ingreso a trabajar como vendedor de filtros de agua en los campos y parcelas de Puerto Rico.

Al fin del término cumplo con la ley, y regreso a mi República Dominicana. Pasa que soy hombre que no se rinde. Con el aval de que cumplí con las leyes de Inmigración, vuelvo al Consulado de USA y renuevan la visa por un año y entradas multiples. Dije, entonces, resuelto el asunto…

En Agosto de 1972, regreso y en vez de privar en periodista y señorito, voy directo a vender filtros. Una tarde, vuelvo a El Nuevo Día, con dos artículos y me recibe, muy amablemenrte, don Rafael López Rosas, que era un antillanista y nacionalista puro (estuvo cinco años preso porque era asistente del patricio boricua Aribizu Campos) .

Recibe los artículos sin prometer nada. Dos días después, salen publicados, seriados en dos entregas, en la Sección En foco, de análisis, a página completa.

Al tercer día, paso por la redacción, sin el lujo de trajes para confundir al Director, con una hermosa camisita amarilla, con porte de estudiante, y López Rosas, un jíbaro con una estampa de hombre ilustre, me dice: «el Director ( Castañeda) quiere conocerte. Ven conmigo…» Cuando entro ( por segunda vez a la oficina ) me dice : «compañero aquí le tengo algo, y me entrega un cheque de $70.00″.

Entonces, le digo, como si no lo conociera, » gracias Director. Con este dinero voy a comprar un pasaje a Nueva York y luego viajar a Chile para estudiar literatura…»

«Mire», me dice, «aqui existn muy buenas universidades. Por ejemplo, la Universidad Católica de Ponce. Resulta que estoy proyectando (en 1972) otro periódico como parte de este grupo, pero va a ser un diario light, con chesse cake, suave, con farándula y quisiera, que seas redactor en Ponce de este proyecto, ahí vas a conocer a Luis Varela, corresponsal de The Associated Press, un periodista de origen cubano que te podrá ser de mucha ayuda. Pero, mientras tanto te ofrezco que te quedes a trabajar en la mesa de estilo y diseño…» Entonces, yo feliz, le digo: «Director no sé titular, ni soy editor, mi experiencia ha sido como reportero…»

A lo que me promete, con firmeza: «Ya aprenderás bajo mis alas…» Dicho y hecho, como una profecía. Aprendí, y aún aprendo bajo sus alas… que en el tiempo se han convertido en didácticos pensamientos que guardo en mi corazón…» Pero Castañeda nunca supo que el joven del traje opulento, al que recibió de pie, era el mismo muchacho del cual fue, con los años, mentor y guía en todos los aspectos, a quien debo, todo lo que he podido aprender y ganar en el periodismo.

Pues bien: pasaron los años, y en una visita a Puerto Rico, mi padre, Horacio Vásquez Peña, fue una tarde a la redacción de El Nuevo Día, cuyas oficinas entonces estaban en los bajos del edificio Torre de la Reina, en Puerta de Tierra, y le presento a Papá a los redactores y a don Rafael López Rosas, extinto periodista y patriota puertorriqueño que entonces (en 1973) encabezaba la redacción de El Nuevo Día.

Luego de la presentación con López Rosas, a quien papá con bellas palabras ( pensando que era Castañeda) agradece la oportunidad que me había ofrecido de aprender técnicas del montaje de periódicos ( titulación, diagramado ) .

Terminada esa presentación, le digo a Papá, ahora vamos a conocer al Director (Castañeda), que en ese momento caminaba por la redacción en un pullover, de fondo blanco con rayas rojas, sin el rigor de la corbata y la espléndida camisa blanca, con traje que llevaba López Rosas. Entonces, Papá me dice, “ay mi hijo he gastado mi pólvora en garza…”

*El autor es periodista

www.diasporadominicana.com

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