¡Envileciendo al pueblo!

Olga Capellán, comunicadora. Reside en España
Olga Capellán, comunicadora. Reside en España

Por Olga Capellán.-

El obsequio de las famosas canastas navideñas tiene su sentido, que aunque en principio pareciese llevar la alegría tradicional a los hogares dominicanos, al mismo tiempo denigra el interior de esos seres humanos, que si bien tienen derecho a pasar unas felices Fiestas de Navidad, al mismo tiempo sus prerrogativas consisten en que deberían ser felices durante todo el año; esto solo se lograría cuando estos sean tratados por los gobernantes de turnos como verdaderos seres humanos.
Es una obligación del gobierno central crear fuentes de trabajo para los habitantes de su país, donde cada ciudadano tiene derecho de poseer sus propias entradas de divisas y con ellos poder sustentar a su familia, sin que esto tenga que significar un favor político de tal o cual partido que ostente el poder.
Es lamentable que cada fin de año tanto el gobierno central, así como diversas instituciones gubernamentales regalen cientos de miles de cajitas con la mera intención, no de solucionar un problema social, sino de comprar adeptos con fines electoreros, sin tomar en cuenta que en realidad se le está devolviendo lo que al pueblo le pertenece, pero lejos de todo esto a los pobres se le regalan miserables funditas, mientras a los políticos de arriba, a aquellos que si pueden financiarse unas buenas navidades, a estos se les premian con grandes canastas y baúles conteniendo los más finos productos al estilo gourmet, vinos y whiskys importados de marcas reconocidas internacionales.
Sin embargo, los pobres tienen que conformarse con dos libras de arroz, media libra de espagueti, dos picapicas, una botella de aceite girasol y un pollito en mal estado.
Interesantes son los embases de las mismas, sean estas cajas o fundas que además de la cara del primer mandatario como siempre lleva la figura de uno de los personajes alegóricos del circo político nacional, en este caso la del presidente de turno Danilo Medina Sánchez, la de Leonel Fernández y Reyna o de cualquier otro mozalbete que forma parte de la orquesta musical, cuando en realidad solo deberían llevar la figura de nuestros héroes de la república, la bandera o el escudo emblemático, porque en definitiva esas dádivas son compradas con los dineros del pueblo, generados a través de los impuestos que pagamos los ciudadanos al fisco nacional.
Descaradamente a esto los políticos les llaman Feliz Navidad, cuando en realidad deberían llamarle “envilecimiento” a la ciudadanía participante.
Penoso es ver como cada año los pobres tienen que aguantar golpes, empujones y todo tipo de humillaciones para lograr conseguir uno de estos paquetes navideños, con el inconveniente de que gran parte del botín se queda en manos de los repartidores.
El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y sus gobiernos siempre se han vanagloriados de ese gran progreso que ha tenido el país, gracias a la gran obra del visionario Dr. Leonel Fernández, hombre de gran conceptualización, heredero de un modelo político construido por el otrora gobernante de la república Dr. Joaquín Balaguer, quien además de la mano férrea con que gobernó, impuso al país para que los pobres cogieran fundas y ahí están; cogiendo fundas todavía.
Que Dios se apiade, proteja y bendiga a todo el pueblo dominicano y que pasen unas felices Fiestas de Navidad y que el Nuevo Año sea de verdadera prosperidad.

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