Pocas veces nos equivocamos

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Euclides Gutiérrez FélixPor Euclides Gutiérrez Félix

Y hacemos esta afirmación, que no es una expresión de auto estimación y mucho menos de jactancia, porque en los muchos y largos años, desde que aparecimos en la vida pública del país, hemos dejado de defender los intereses del pueblo dominicano; y cuando hablamos de los intereses del pueblo dominicano nos referimos en términos generales al conjunto que incluye, en la verdad incuestionable, desde su génesis, en valentía, dignidad, coherencia, firmeza, independencia y soberanía.

Nunca nos cansaremos de repetir que en América y muy pocos en el mundo haya un conglomerado humano, mejor decirlo en términos históricos una Nación, que como esta sociedad ha nacido, se ha desarrollado y crecido en la parte Oriental de la isla de Santo Domingo y que apareció como República en el escenario americano, el 27 de febrero de 1844, con una trayectoria que merezca tanta admiración como el pueblo dominicano.

Hace cuatro o cinco años, no recordamos la fecha, fue puesto en circulación un libro titulado “La Fiesta del Chivo”, obra de un escritor de origen peruano que responde al nombre de Mario Vargas Llosa. En esas locuras emotivas un grupo representativo de los intelectuales dominicanos, aplaudió y alabó a su autor por una obra que en realidad intelectual y política no es más que una falta de respeto y un atropello, gratuito, mentiroso y difamador, de las mujeres dominicanas, de los hombres que le sirvieron, incondicionalmente, en su larga y siniestra dictadura a Rafael Trujillo Molina; a quienes lo combatieron, al pueblo en el que nació y vivió hasta su muerte y al personaje histórico. No deseamos ni queremos mencionar a los dos asesores intelectuales que sirvieron de muletas a este canalla intelectual.

La admiración a Mario Vargas Llosa, que como dice Manuel Núñez lo que tiene y exhibe es una “nacionalidad de aeropuertos” y que como el mismo Vargas Llosa dice que “los escritores son aquellos que hacen progresar las mentiras”, admiración, que ratificamos como la expresión más autentica de la frivolidad y superficialidad de la mayoría de los intelectuales dominicanos, muchos de los cuales sesenta y dos años después de su desaparición física siguen “viviendo, mintiendo y disparateando” del antitrujillismo.

Trujillo fue un déspota político, siniestro, asesino selectivo, represivo e intransigente, cuyo verdadero y mas importante papel histórico fue incorporar a nuestro pueblo al siglo XX. Si como el personaje de Vargas Llosa en “La Fiesta del Chivo” nos gobernó tantos años, no era Trujillo quien no servía, sino el pueblo dominicano.

Ahí está Vargas Llosa con su artículo “Los parias del Caribe”, publicado por “El País”, con el símbolo de la esvástica nazi, externando su gratitud y reconocimiento a los dominicanos al comentar la sentencia No.168/13 de Tribunal Constitucional de la República, que equivocada o no, es una expresión de la soberanía de la República Dominicana.