Salomé Ureña de Henríquez debería ser declarada «Madre de la patria dominicana»

1SALOME UREñA DE HENRIQUEZPor: Miguel Collado

Fue el día 24 de mayo de1878 cuando el prócer Francisco Henríquez y Carvajal publicó, en el No. 3 del periódico “El Pueblo”, su artículo crítico “Salomé Ureña en 1878”, en el que destaca los méritos literarios de la que, dos años más adelante, habría de ser su esposa.

Henríquez y Carvajal dice: “Tres composiciones poéticas, que son una prenda de honor para la literatura patria, se deben, en los meses que han transcurrido de este año, al genio fecundo de nuestra digna poetisa. ‘La fé en el porvenir’, que fue dedicada a la sociedad ‘Amigos del País’, es la primera; la segunda en la que llora la muerte del esclarecido ciudadano U. F. Espaillat; y la última la que en este periódico ve hoy la luz del público: ‘A Quisqueya’”.

Leamos a continuación “La fé en el porvenir” para revitalizar nuestra esperanza de progreso tan debilitada en la nación dominicana. Algún día comprenderemos los dominicanos el pensamiento profundo, estremecedor, de la eximia poetisa e ilustre educadora: “Miserable existir, inútil vida la que se aduerme en el error”.

LA FÉ EN EL PORVENIR

A la Sociedad «Amigos del País»
Cual gladiador valiente
que al circo peligroso se abalanza
y lidia tenazmente,
trémulo de valor y de esperanza,
y sólo cesa en la tremenda lucha
cuando aclamarse vencedor escucha;
tal, de entusiasmo llena,
se lanza audaz la juventud fogosa
con pecho firme en la vital arena.
El alma generosa,
de impaciencia y ardor estremecida,
rasgar intenta del futuro el velo,
penetrar los misterios de la vida,
salvar los mundos, escalar el cielo.

Eterna soñadora
de triunfos y grandezas inmortales,
con viva luz sus horizontes dora.
Decidle que ideales
son los portentos que su mente crea,
que es vana la esperanza que la agita:
triunfante el orbe mostrará su idea
si le infunde valor la fe bendita.

¡Ah, no la detengáis! Dejad que ardiente
de su noble ambición el rumbo siga;
dejadla al cielo levantar la frente;
dejad que un rayo de esa lumbre amiga
su corazón encienda,
y la veréis inquebrantable, osada,
por el honor y la virtud llevada,
lauros segar en su espinosa senda.

Si el arte peregrino
con sus prodigios mágicos la alienta,
dejadla proseguir en su camino;
que allá a lo lejos brilladora palma
un futuro de gloria le presenta,
y a conquistarla volará su alma.

Si al campo de la ciencia
con entusiasta admiración la guía
ansiosa de saber su inteligencia,
espacio dadle, y triunfadora un día
veréis cuál se levanta,
leyes dictando a la creación entera,
la tierra a sujetar bajo su planta
y a medir de los astros la carrera.

Dejadla proseguir. ¡Ay del que nunca
sintió inflamarse en entusiasmo santo,
y de la Patria la esperanza trunca!
Miserable existir, inútil vida
la que se aduerme en el error, en tanto
que en lucha activa se estremece el mundo,
siguiendo tras la luz apetecida
de gloria y bienestar germen fecundo.

Avanza ¡oh juventud! lucha, conquista
del bien supremo la eminente cumbre,
tiende al futuro la impaciente vista,
y a la fulgente lumbre
que allá te muestra tu inmortal anhelo,
con la virtud por guía,
sigue inspirada de tu mente el vuelo
y llévete do quieras tu osadía.

Atleta infatigable,
del bien y el mal en la contienda ruda,
te alzarás invencible, formidable,
si el entusiasmo, si la fe te escuda.
Que atraviese tu voz el aire vago
las almas convocando a la victoria:
tuya es la lucha del presente aciago,
tuya será del porvenir la gloria.

(1878)

Una pregunta y una propuesta: ¿por qué tiene República Dominicana tres padres de la patria y, sin embargo, ninguna madre? Propongo a la nación dominicana que la insigne educadora, propulsora indiscutible de la formación de la mujer dominicana y de honda conciencia patriótica, sea declarada Madre de la Patria dominicana, méritos encontramos en ella que la hacen merecedora de esa honrosa distinción. El próximo 30 de junio, Día del Maestro, sería una ocasión propicia para hacerlo.

 

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