El Palacio Presidencial produce ceguera y tiene polillas

OPINION

Por Juan M.  Valdez

Literalmente, ser ciego es  tener un impedimento para ver tangiblemente su entorno…  En el mundo del  vidente, Ser ciego realmente es, tener buena la vista y no  ver… Cuando se publicó y se hizo famoso el cuento de fabula Alicia en el País de las Maravillas, bien puedo su autor haberse dado una vueltecita por la Republica Dominicana, ser influido y enriquecidas sus fantasías, con vivencias reales.

Escribo esto sintiendo un sabor amargo en mi boca. Sintiendo coraje y apenumbrado el corazón, porque amo mi tierra sobremanera.  No puedo acallar o disimular el odio que me irradia la actitud del político dominicano, el descaro con el que ultraja la dependencia a su cargo, la poca responsabilidad y seriedad que demuestra en la administración pública y la manera planificada, selectiva que el sistema fiscalizador le permite el robo y el chantaje sin contemplación. No hay un país más podrido e inmerso en la corrupción gubernamental  que el nuestro. No busco con mi opinión salpicar en colores la situación del país, porque quienes  nos van agarrados a la crin, van en el lomo del mismo caballo de la ineptitud.

El país tiene un problema de salud de décadas, por no decir de siglos, aflorando las mismas quejas: la  falta de medicinas y atención médica. Las mismas denuncias del sindicato médicos exigiendo mejoras salariales, pero no instando a sus miembros a mejorar servicios y en esta pasamos décadas con la esperanza que surjan un director médico que trace la pautas  de cómo administrar con eficiencia un hospital, que pueda ser imitado por otros, que rompan las tendencias  de que la población vivía el calvario del titanic “del salvase quien pueda “. Esto es solo un ejemplo  porque de igual manera encontramos todas las dependencias del gobierno central.

Las polillas corroe  el centro de la madera dejando una fina corteza para disimular su existencia y cuando viene a darte cuenta tu mueble es ya una pieza inservible no digna de ser arrojada al vertedero. La sociedad dominicana necesita una transformación institucional, moral, que obligue al gobierno, incluyendo al presidente de la república a ser fiscalizado como cualquier hijo de buena familia.

El país no necesitaba embarcarse en una reforma fiscal de no haber sido por la ineficiencia de las instituciones fiscalizadoras del estado en permitir el descalabro económico, el cual continuamente era objeto de denuncia en los medios de comunicación. Creo en la organización y fortalecimiento de los controles internos del sector público, manera eficaz de que todas las transacciones comerciales queden debidamente registradas evitándose de esta manera el tráfico de influencia y la fuga de capital. De esta manera entra el ingreso al país sin que se lacere el estómago ulcerado de la inmensa mayoría del dominicano.

 

*El autor tiene un BBA de la Universidad del Sagrado Corazón de Puerto Rico

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