Dos tierras por Héctor Peña

OPINION

Así que nadie puede sorprenderse de lo podrido que están los políticos dominicanos, ya que la materia prima de donde de salen esos hijos de p… está igualmente podrida.

Por Héctor Peña

A veces me pregunto: Quiénes somos los humanos que vivimos día a día en la Tierra, especialmente los dominicanos y los puertorriqueños; dos tierras en este mundo que siento, pues de esta salen los políticos, los mismos que le dicen a «los nenes» que le mientan a los Testigos de Jehová, diciéndoles que no están.

El mismo pueblo que en mi país, va a los supermercados y se van comiendo las papitas, las uvas, etcétera, y una vez terminadas, dejan las envolturas en la góndola; esa misma masa de gente en donde se tiene a un corredor que no nació en República Dominicana, pero que nos da glorias con medalla de oro en dos olimpiadas.

Igual que en Puerto Rico, que un corredor de bienes raíces, sospechoso de la muerte de su esposa, pero su padre, un ex-juez, se pasea por la escena del crimen como si nada, parecido al crimen de Narcisazo y hoy nadie sabe quién mato a ese periodista dominicano, que por publicar el robo de unas elecciones generales, Balaguer lo desapareció, pero lo hizo Juan del Pueblo y en otros casos, un oficial de la policía le dio una bofetada a un estudiante.

Me refiero, a un pueblo que deja a sus niñas de 13, 14 y 15 años por las barras, puentes y calles más famosas de Santo Domingo y toda la República Dominicana, paseándose solas, mostrando partes de sus cuerpos, cosas que en tiempos pasados no se veían.

Una masa de gente, que con su fanatismo político vende el progreso que en un futuro sus hijos, nietos y demás podrán tener, pero esa es la democracia y si ese mismo pueblo que cada cuatro años van a las urnas y con sus votos íntegros perpetúan a esos políticos ladrones «hijo de p…», sin madres, a que hereden los bienes del país, éstos no tienen madre, no tienen padres ni abuelos que le digan que están destruyendo el pueblo, mientras ellos le roban al pueblo, quitándole el futuro a los niños, viejos, jóvenes y adultos; al mismo pueblo, que mientras que más recibe del gobierno, más feliz es.

Una masa de pueblos en donde el trabajo he visto como un pescado, por lo difícil que es pescar un pez en un río. Una masa de pueblo, donde las personas que se esfuerzan no son reconocidas como tal y que sólo se progresa en el trabajo si eres amigo de «fulano o zutano», o si eres el primo, hermano o familiar de alguien de los ladrones, ah, perdón, «hijos de su madre» que están en el gobierno.

Así que nadie puede sorprenderse de lo podrido que están los políticos dominicanos, ya que la materia prima de donde de salen esos hijos de p… está igualmente podrida.

Para poder cambiar el producto, tenemos que cambiar desde adentro cada componente de la materia prima de esos buenos para nada, hijos de p…, políticos que le quitan la vida a nuestros pueblos, eliminando cada uno de ellos, uno a uno, cada cuatro años; a esos ladrones robasueños, hijos de p…!

 

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