Guardia seguridad escuchó Aida de los Santos decir: «La perra esa la voy a matar…”

Dijo que pudo ver a la dominicana de “pies a cabeza” cuando salía y por eso está seguro de que no tenía nada en sus manos.

Escrito por Luis Dalmau D.

SAN JUAN , Puerto Rico.-Un guardia de seguridad escuchó decir a la mucama dominicana Aida de los Santos Pineda al salir del apartamento de Georgina Ortiz Ortiz ,asesinada a cuchilladas en agosto pasado, que “A la perra esa la voy a matar”.

Oreste Navarro , de 53 años de edad , testigo ayer en la séptima vista preliminar en el Tribunal de San Juan contra De los Santos Pineda, a quien se atribuye la muerte de la esposa del ex juez del Tribunal Supremo Carlos Irizarry .

Durante la vista en la sala de la jueza Elizabeth Linares salió a relucir el hallazgo de manchas de sangre en numerosos lugares del apartamento de la víctima , ubicado en el edificio Laguna Terrace , en San Juan .

Navarro dijo al tribunal que la frase la murmuró la mucama cuando salía por el portón vehicular del complejo residencial.

Dijo que pensó que De los Santos hablaba de la perrita de la pareja, a la que ella sacaba a pasear a veces. Indicó que la mujer habría salido a las 3:00 de la tarde de trabajar, aunque su hora de salida era la 1:30, pero Navarro aceptó que ese día en ningún momento apuntó nada relacionado a la mujer en el registro. Confirmó que el inmueble no contaba con cámaras de seguridad.

El guardia de seguridad certificó que ningún vecino de Ortiz y de su esposo, el ex juez del Tribunal Supremo Carlos Irizarry , lo llamó para reportar pelea, discusión o algo inusual en el apartamento donde la mujer fue asesinada.

Navarro aseguró que De los Santos no llevaba ninguna bolsa en sus manos, lo que contrasta con la declaración previa de la nieta de la mujer, Katherine Romero Encarnación, quien creyó haber visto ropa dentro de una bolsa que llevaba su abuela ese 17 de agosto de 2010, cuando la recogió en un auto junto a Marangelí Merced.

Dijo que pudo ver a la dominicana de “pies a cabeza” cuando salía y por eso está seguro de que no tenía nada en sus manos.

Según el guardia, Irizarry llegó al apartamento a las 5:30 de aquella tarde escuchando un tango del cantante Carlos Gardel en el radio de su carro. Minutos después el juez se comunicó por teléfono con Navarro y le dijo: “Sube acá, que encontré a mi esposa muerta”.

Como el guardia no podía abandonar su puesto en la caseta, llamó al administrador del edificio, Julián Casero, y este subió. Luego, llegaron la Policía y cuatro amigos del ex juez que Navarro no identificó.

Mientras, el investigador forense José Antonio Figueroa, de 66 años, dijo que llegó al apartamento a las 7:00 de la noche y para ese momento ya la escena estaba custodiada.

Permaneció junto con otros oficiales forenses y la fiscal Elba Acevedo, cerca de siete horas y media analizando cada rincón de la casa y levantó para análisis “un cuchillo, pelos, fibras, una aparente uña con aparente material genético, dos toallas manchadas de sangre”, una de ellas estaba colgada en el tubo de una de las bañeras del apartamento.

Señaló que en total se tomaron 521 fotos de la escena y 18 muestras de sangre en hisopos de algodón para fines de muestreo y comparación de ADN.

Figueroa dijo que había manchas de sangre en el piso, en las paredes, en los marcos de algunas puertas, en un escaparate, en una figura decorativa a los pies de la occisa, en una silla tipo stool, en un gabinete de la cocina, en la perilla de la puerta de la secadora, en la parte interior de la tapa de la lavadora y en un cubo, además del cuchillo, que describió como de 7 y ¾ pulgadas de largo y una y media de ancho con cabo de plástico, hecho en Brasil.

El cuerpo de la víctima estaba boca abajo y tenía una bata negra con flores en varios tonos de amarillos y rojos. Ortiz tenía puesto un anillo con pedrería, un reloj y varias pulseras. La mujer tenía una herida de arma blanca en el cuello, y otra en los dedos de la mano derecha “como de defensa”.

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