Comunidad dominicana y la factura de la historia

OPINION

Como parte de esas distorsiones, vemos que semanas después del nacimiento de la república, su padre y fundador, fue vilmente desterrado, como el primer indicio de una patria pariendo hijos con genética social trastocada.

Por: Rubén Presbot

Hemos escrito y leído de varias personas, incluyendo al ilustrado amigo Sucre Vásquez, que plantean la dificultad de los dominicanos en el exterior, para lograr alguna unidad de propósito y obtener resultados tangibles de apoderamiento y movilidad colectiva , política o económica. Sobre lo cual se han planteado comparaciones con el exilio cubano, por el crecimiento general y espacios ocupados por estos.

Se nos ocurre que, que por largo tiempo, una secuencia de caudillos y dictadores condicionaron al pueblo a no organizarse ni tomar iniciativas; sino esperar imposiciones verticales para acatarlas mecánicamente y hasta ser copia de perfiles de dictadores; que siempre se creen líderes y padecen el síndrome de la jefatura.

Como parte de esas distorsiones, vemos que semanas después del nacimiento de la república, su padre y fundador, fue vilmente desterrado, como el primer indicio de una patria pariendo hijos con genética social trastocada.

Es casi seguro que invasiones desafortunadas y estériles al territorio de Santo Domingo desde la colonia francesa, hayan dejado huellas de retroceso, por incompatibles con el progreso y la cultura. Nos referimos que debido a la firma del Tratado de Basilea entre Francia y España se 1795, se facilitó las invasiones de Toussaint, Dessalines y la de Boyer; por lo cual la mitad de la población de criollos españoles, y en consecuencia lo mas avanzado y selecto, se marchó hacia lugares culturalmente mas compatibles con su estilo de vida, estableciéndose en Puerto Rico, Cuba y Venezuela. Salió en estampida la élite intelectual, social y económica, ocupando el espacio los que menos tenían para aportar; siendo sabido que un país sin élite, no puede desarrollarse.

Por esa estampida migratoria llegan a Mayagüez, los padres de Juan Pablo Duarte, donde residen y nacen algunos de sus hijos. Nacen también en Puerto Rico, patriotas como algunos de los hermanos Puello, José M. Serra y Antonio Duvergé, todos hijos de dominicanos o criollos españoles.

También llegaron a Cuba, dándole impulso a la cultura, muchos profesionales egresados de la universidad; como José Félix Ravelo, que fuera rector de la Universidad de La Habana; Gaspar de Arredondo, magistrado de la Audiencia de Camagüey; el pintor Juan de la Mata, el historiador Antonio del Monte y Tejada; los literatos Angulo Guridi; José F. Heredia, padre del poeta nacional de Cuba—José María Heredia y como si fuera poco el primer piano que llegó a Cuba, lo llevó una familia de inmigrantes dominicanos. Igual fueron a Venezuela dominicanos de la estatura intelectual de José Núñez de Cáceres y José M. Rojas, economista y periodista; llegó también José Heredia como regente de la Audiencia de Caracas.

Esos funestos eventos, dejaron la población como hijos de hogar disfuncional; y hoy sucede que la élite de la diáspora es apenas visible; y que la herencia de los caudillos, sumada a las invasiones africanas sea un trastorno como factura de la historia.

rubenpresbot@yahoo.com

 

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