Los Señores de la Horca y el Cuchillo

 No hay capacidad de respuesta, se tiene temor, o no se quiere enfrentar el desafío sangriento de los  nuevos Señores de la Horca y el Cuchillo del siglo XXI.

Por Jesús Rojas

La criminalidad ha sentado sus reales en lo que una vez fue un país amistoso, de relativa calma y tranquilidad en el Caribe. A ello se suma la violencia, el alto costo de la vida, el desempleo, la corrupción política y social,  y otros demonios morados del “Nueva Yol Chiquito” que con la mejor intención del mundo, por desgracia, se intenta imponer y mantienen en jaque a la familia dominicana.

No transcurre un día en que la prensa deje de informar de asaltos, agresiones, violaciones, atracos, asesinatos y otros sucesos y modalidades delictivas cada vez más espeluznantes. Los padres ya no duermen con tranquilidad por el sobresalto de un ominoso toque en la puerta o una fatídica llamada telefónica sobre la vida de sus hijos a cualquier hora del día o de la noche.

Mientras, los responsables civiles del gobierno del PLD, a cargo de garantizar a la ciudadanía la seguridad sin distinción, están metidos de lleno en la campaña política electoral con el objetivo deliberado y resuelto de retener el máximo trofeo del poder político y económico, y así  continuar sus vidas glamorosas a costilla del dinero de los contribuyentes dominicanos y el Cuerno de la abundancia en la pirámide invertida.

Ellos nunca están ausentes de inauguraciones de “obras”,  debates y disquisiciones sobre la macro y la micro, la capacidad de endeudamiento, la guerrilla de encuestas, la “efectividad” malévola y tendenciosa de la red de comunicadores y bocinas bien pagadas; el próximo préstamo del FMI o del Banco Mundial, etc. Porque señores, vale preguntar por enésima vez: ¿¿¿hacia cuál pa’lante e’que vamos???

Ni decir de los niveles jugosos de sus cuentas bancarias In y Off-shores, licitaciones dudosas y toda otra verborrea inútil que nada resuelve. Bien aseguraba Honorato de Balzac en un período de la Francia decadente: “Detrás de toda gran fortuna, hay un crimen”. Vamos en retroceso. Tanto así, que hasta los diplomáticos en Santo Domingo no ocultan sus inquietudes sobre la violencia y la criminalidad, entre otros temas que se tratan sigilosamente y a puerta cerrada.

Cabe recordar que en una fase oscurísima de la Edad Media, el Señor de Horca y Cuchillo era aquel que tenía derecho de vida y muerte sobre sus vasallos en una comarca definida. Frente a esa densidad de discursos redentores oficiales, la cruel realidad se impone. Por más que se trate de olvidar el salvaje asesinato del día anterior, el siguiente pone los pelos de punta y agota cada vez más el aire en los pulmones.

No hay capacidad de respuesta, se tiene temor, o no se quiere enfrentar el desafío sangriento de los  nuevos Señores de la Horca y el Cuchillo del siglo XXI. Estos superaron con creces a los de Eduardo Galeano, en Las venas abiertas de América Latina, al cantor tenebroso en uno de los círculos del infierno de La Divina Comedia, de Dante Alighieri, o tal vez a las notas de la lira de Nerón mientras las llamas de la maldad devoran la Roma imperial y con ella a los miserables cristianos.

La rabia y la impotencia crecen en el círculo dominicano. Ya se tiende a pensar y a aceptar de manera inicua que la vida no vale nada. Mientras, el sindicato del crimen político y social corporativo, con sus hermanos putativos: sicariato, chantaje, amenazas, extorsión, medias verdades, lodo al granel, asesinato físicos y de carácter, entre otros demonios, avanza palmo a palmo, como el pan nuestro de cada día, hasta la próxima víctima un conocido o un familiar cercano. No debe de extrañar que sus más devotos defensores inicien su jornada diaria con una oración y una emotiva invocación al Señor.

La realidad actual en la República Dominicana es que nadie está a salvo de caer víctima de la criminalidad alevosa, organizada o desorganizada, vinculada de manera directa o indirecta a un gobierno y a un partido indolente. Niños, mujeres, hombres, policías, militares, turistas, mensajeros, políticos, médicos, abogados, periodistas, banqueros, chiriperos, militantes, amas de casa, domésticas, comerciantes y otros ciudadanos productivos se han ido a destiempo. Mientras algunos, espoleados por la desesperanza, votan con los pies en medio de la vorágine electoral.

La hora 25 llega el 20 de mayo. Es la mejor oportunidad para comenzar a frenar o finiquitar este estado de cosas. Y es que quienes ofrecieron paz y estabilidad antes, en nombre de una utopía narcótica, ahora prometen el oro, el moro y la tierra del futuro al otro lado del Jordán. Pero la verdad cruda es que se lo han robado casi todo con el cuchillo morado en la boca. Por eso y por mucho más, en nuestro país ya el cielo no es azul y no hay paz ni en los cementerios…

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