“LA MENTIRA ES UNA TELARAÑA”, de MIGUEL COLLADO

0
110

La verdadera virtud es inseparable  de la sabiduría  Platón.

Por: Roberto Fernández Valledor, escritor cubano

 Tengo el placer de presentar el libro La mentira es una telaraña del estimado amigo Miguel Collado. El título del mismo está tomado del decimosegundo ensayo y se puede decir que resume la esencia del libro.

En realidad, quien miente se va enredando en la mentira como le sucede al insecto que cae en la telaraña, porque necesita inventar otras mentiras para sostener la primera. El refranero español nos recuerda que al final la verdad resplandecerá, porque: “Primero se coge a un mentiroso que a un cojo”.

Por eso el jíbaro puertorriqueño nos aconseja: “Para decir mentiras y comer pesca[d]o, hay que tener mucho cuida[d]o.” Y un dicho cubano añade: “Para decir mentiras hay que tener muy buena memoria”.

Si nos fijamos esto está estrechamente vinculado con la autenticidad vital. Quien miente no es auténtico y este libro lo que pretende es que los lectores reflexionemos sobre una serie de virtudes, vicios y defectos humanos con el fin de rectificar nuestra manera de ser. Para que seamos más virtuosos, según el concepto clásico.

La obra consta de dos partes. La primera recoge trece ensayos breves que con incisiva penetración sicológica aborda la condición humana. Estos trece tratados tienen la impronta del aforismo, porque siguen muy de cerca su estructura. Integran la segunda parte los aforismos y viene a ser un complemento de la anterior. En una se desarrollan las ideas, en la otra se presentan las sentencias aforísticas.

Toda la obra tiene la finalidad de que el lector piense y la primera parte llamada “Reflexiones” lo advierte. Estos breves tratados, a su vez, se pueden agrupar en dos núcleos y una conclusión.

El primero abarca ocho en los que se reflexiona sobre unos antivalores: el prejuicio, el dinero como amo, el egoísmo, la prepotencia, el odio, la calumnia, la envidia y la mentira. El segundo núcleo presenta cuatro virtudes o características humanas que son importantes para el individuo y su interrelación social: el perdón contrapuesto a la venganza, la gratitud, la amistad y la vida. Concluye esta primera parte al hablarnos sobre la importancia existencial que tiene la palabra.

Si hiciéramos una radiografía a nuestra sociedad, apreciaríamos los notables adelantos que hemos logrado en todos los campos. Sin embargo, nos hemos olvidado que lo fundamental es la vida. Inmersos en el trepidante ritmo de la cotidianeidad, nos hemos olvidado de vivir, que debe ser nuestra razón de ser. Por eso Collado sentencia: “[…] la vida es una permanente equivocación humana -llena de ironía, paradojas y sorpresas […]”. El ajetreo que impone la vida del siglo XXI agobia al ser humano. Se entenderá mejor, entonces, la respuesta de Jorge Luis Borges a un reportero que le preguntaba si naciera de nuevo a qué se dedicaría y él muy sabiamente respondió “a vivir”.

El libro de Miguel Collado es una bofetada, o un “jamaqueón” como dicen los jíbaros, que nos da un amigo para que despertemos del letargo en que estamos sumidos, hipnotizados con las luces de los adelantos científicos y tecnológicos, creyéndonos que hemos logrado la panacea existencial. No es que yo esté en contra de ellos, es como se sugiere en esta obra que son un medio, no un fin. Realmente éste es un libro de meditación, para que lo rumiemos, para que hagamos un alto y pensemos en la vida. Según aconseja uno de los aforismos del libro: “No siempre sabemos aprovechar las oportunidades que nos da la vida para hacer fortuna, pero es importante saber que no hay mayor fortuna que la vida misma.”

Creo que resultan muy acertadas las palabras con las que Unamuno identificó la causa fundamental de la situación de la España de su tiempo. Y estoy convencido de que eso mismo es lo que corroe a la sociedad puertorriqueña, la dominicana y la del mundo entero. Don Miguel acuñó el sustantivo “cainismo”, del Caín bíblico que mata a su hermano Abel consumido por la envidia, para describir cómo el español luchaba contra el español; o sea, el hermano contra el hermano. Y desafortunadamente ese cainismo se ha entronizado en la política, en las aulas, en los centros de trabajo, hasta en los hogares… y nos impide que seamos y que logremos edificar una mejor sociedad. Por eso el autor de este libro que nos ocupa habla en sendos trabajos sobre el odio, la calumnia, la envidia y la mentira, pues todo esto realmente nos impide ser.

La filosofía clásica fundamentaba la sabiduría humana con la felicidad. No era el saber por el saber, sino saber para ser. Por eso definía al hombre sabio como el hombre virtuoso y mediante la virtud se alcanzaba la felicidad. En tres de los ensayos se presenta esto. El saber perdonar es uno de los planteamientos que se hace, porque quien no perdona siempre estará odiando y pensando en la venganza. Como consecuencia jamás podrá lograr la paz interior. Estoy convencido de que existen las guerras, porque el ser humano carece de paz en su corazón y ese desasosiego se proyecta del “yo” al “tú”. De aquí la imparable violencia que vivimos.

En la novena reflexión, que cierra ideológicamente este núcleo, se concibe la vida como una continuidad: “La vida es la suma de infinitos fragmentos vitales unidos por un hilo invisible que nos mantiene atado -y a veces vagando- en este vasto universo que habitamos”. Esta concepción coincide con la de Sartre quien afirmaba: “No tengo pasado, soy mi pasado”. Nuestra sociedad vive desarraigada y considera el pasado como cosas de viejos, sin percatarse que ese pasado vive en el presente. A fin de cuentas, parafraseando a Bernardo de Chatres: “Somos enanos en hombros de gigantes”. Al final, según este libro: “Intentando descubrir lo que realmente deseamos en la vida, podemos correr el riesgo de desperdiciarla.” Por eso Ralph Waldo Emerson nos recordaba: “Lo importante no es cuánto tiempo vivimos, sino cuán profundamente lo hacemos.” Concluye toda la primera parte, el decimotercer ensayo, con la importancia que tiene una frase, la fuerza que tiene la palabra.

Estamos acostumbrados a leer, pero no a reflexionar. Este libro incita a la reflexión. Se presenta un plan de vida para que encontremos nuestro centro, para que nos encontremos a nosotros mismos y no nos encerremos en nuestro “yo”. Pero eso no es una empresa fácil como nos lo recuerda Miguel Collado: “Emprender el camino que conduce hacia el bien es sencillo, lo difícil es llegar donde está él.”

La segunda parte de esta obra reúne 120 aforismos. La tradición aforística en las letras hispánicas es muy antigua y prolífica. Precisamente los grandes educadores de nuestra América, los que ayudaron a forjar nuestras nacionalidades utilizaron los aforismos como vehículo pedagógico. De hecho, se dice que Hipócrates fue quien los utilizó por vez primera para recordarles a sus alumnos, mediante breves sentencias, los síntomas y diagnósticos de enfermedades.

 

Aristóteles recomendaba a sus discípulos que tuvieran unos cuadernos y siguiendo el alfabeto, tal como se hace en la segunda parte del libro que presento, escribieran en ellos citas, sentencias, apotegmas y refranes que les pudieran ser útiles, tanto para el cuerpo como para el espíritu. Me parece que fue Erasmo quien recomendaba los aforismos por el valor pedagógico que tienen, ya que los niños los podían memorizar fácilmente y se deleitaban con ellos. De esta forma aprendían historia, filosofía, moral y elocuencia. No en balde alguien ha dicho que el aforismo es “el mundo en una frase”.

 

La literatura aforística  trata sobre el ser humano y todo lo que le afecta. Los conocedores advierten que se requieren tres cosas claves para cultivarla: dominio y conocimiento de la lengua e ingenio. Y considero que los aforismos de este libro las tienen. Constituyen una filosofía al alcance de todos, unas reflexiones de vida expresadas en forma concisa. En todas ellas subyace un contenido moral en el sentido clásico de virtud. Se pretende, pues, ilustrar en la virtud.

El prologuista del libro, el filósofo Alejandro Arvelo, destaca que la corriente de pensamiento en la República Dominicana se fundamenta básicamente en dos temas claves: el ser de los dominicanos y los valores morales. Y precisamente éstos son el meollo del libro que presento. Me parece que estas ideas constituyen dos preocupaciones esenciales tanto de Puerto Rico como de la sociedad en general. La mentira es una telaraña de Miguel Collado plantea estos temas, que son fundamentales para cualquier ser humano, y denota la preocupación que tiene el autor por la sociedad y la convivencia humana.

Tales de Mileto aconsejaba “Hablar poco y bueno”. No estoy seguro de haber logrado “lo bueno”, pero por lo menos creo que sí “lo poco”, por eso no los canso más. Lean este valioso libro, pues estoy muy seguro de que lo disfrutarán. Muchas gracias.

 

______

*Palabras pronunciadas en el acto de presentación de la obra, el viernes 9 de marzo de 2012, en la ciudad de Mayagüez, Puerto Rico, en la II Feria Internacional del Libro “Eugenio María de Hostos”.