Confinados dominicanos en PR lloran por impotencia de sus errores

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Fue una actividad llena de patriotismo.

Por Gheidy de la Cruz

Bayamón, Puerto Rico.-La visita a una cárcel federal por parte del Consulado dominicano en Puerto y representantes de distintas organizaciones comunitarias, políticos y empresarios, estuvo matizada de sentimientos encontrados ante más de cien confinados quisqueyanos que no pudieron controlar su emoción.

Los criollos, muchos de los cuales, guardan prisión acusados de tráfico de droga, asesinato, robo y violación,  recibieron orientación y disfrutaron de una mañana divertida con música, comida típica y muestras de cariño de los presentes, como parte del programa de actividades conmemorativas al 168 aniversario de la Independencia de la República Dominicana.

Ellos se confundieron en un abrazo fraterno y  recordaron momentos alegres de su querida quisqueya y la nostalgia por sus casitas de madera, el café de la abuela, el abrazo de sus hijos y la paciencia de su esposa.

Pero, también recordaron el dolor que se siente cuando sus amigos le dan la espalda como dijo uno de los reclusos, un músico dominicano condenado a 10 años por tráfico de drogas y que, luego de vivir entre mujeres, alcohol y vida nocturna se olvidaron de él.

Agustín Santos, por su buena conducta logró que su condena bajara a cinco años, sale a la libre comunidad en julio y está feliz de regresar a su patria.

 Santos se destacó como artista, amenizando show en el área oeste de Puerto Rico, de hecho el mismo cónsul dominicano Máximo Taveras, dio fe del talento de su compatriota, y fue uno de los más sorprendidos cuando se enteró del lamentable hecho.

El artista que pertenece a la banda de  música de la correccional, dio un emotivo testimonio que hizo llorar a más de uno. Destacó que en una noche podía hacer hasta mil dólares, y que las mujeres y la vida nocturna lo envolvieron hasta caer en el bajo mundo.

En República Dominicana fue coreógrafo en Sábado Chiquito de Corporán y director del ballet folclórico del Ayuntamiento del Distrito Nacional. Su hermosa voz, dice, la utilizará para seguir cantando y retomar su vida de la manera correcta.

“Es un parlanchín, cae bien”, dijo uno de los confinados sobre él, luego que  Agustín cantara con gran emotividad una bachata titulada “Dónde están los amigos?”, refiriéndose a que fueron muchos los que se aprovecharon de cuándo gozaba de tener dinero.

Algunos reclusos han recapacitado y asumido posturas de su experiencia detrás de las rejas, como es el caso de Lorenzo Martínez que  ha cumplido 7 años de los 30 que fue condenado acusado de violación a una menor de 14 años. El está dispuesto apelar nuevamente, lo ha hecho en 12 ocasiones, y afirma fue acusado de manera injusta.

Por mucho tiempo se dedicó a la limpieza de alfombras, su esposa se ha mantenido firme y lo visita a la cárcel. Se ha convertido al evangelio y sirve de ejemplo. Es de Cabrera, Nagua.

 Un caso que realmente nos llamó la atención es el del dominicano Samuel Reyes, acusado de asesinato y condenado a 100 años de prisión de los cuales ha cumplido 17. Es pausado al hablar, sonríe muy seguido y dice que en su corazón Dios ocupa el primer lugar, aunque en lo terrenal encontró el amor hace unos meses con una puertorriqueña que visita el penal en labores comunitarias.

Así se pueden contar miles de historias de dominicanos que llegaron a Puerto Rico en busca de una mejor condición de vida, pero por distintas circunstancias fueron frustradas sus ilusiones, algunos por ambición desmedida, y otros de manera injusta.

Fue difícil en solo unas horas poder recoger tantas historias conmovedoras. Casi todos querían lo escucharan, los miembros consulares no dieron abasto, al igual que los representantes de las instituciones que tomaban apuntes de sus casos, como el vocero del Comité Dominicano de los Derechos Humanos, José Rodríguez, que adelantó le fue asignada una oficina para estudiar los casos de los confinados. Próximamente ofrecerá detalles de su funcionamiento.

Algunos se cubren su rostro por la vergüenza, ya que no quieren que sepan de lo que les ha pasado, y otros se sienten tan firmes que no les importa, porque quieren servir de ejemplo.

El cónsul dominicano Máximo Taveras les llevó un mensaje de optimismo, de reflexión  y los llamó a enarbolar la bandera a propósito de la Independencia de la Republica Dominicana.

Habló de la grandeza del padre de la Patria Juan Pablo Duarte, su lucha y el olvido que se tuvo de el al morir en Venezuela.

“Rendir respeto a Duarte no escapa a ustedes que un día salieron de nuestro país y dejaron todo, y la vida les hizo una mala jugada” indicó.

Les recordó que no es el final su vida y les exhortó aprovechar el tiempo en prisión para hacerse de una profesión para cuando se reincorporen a la sociedad puedan hacerlo de manera correcta y ayudar a su familia.

Resalto el trabajo que realizan tres confinados dominicanos, Narciso Fortuna, Genaro Cruz y Abel Pérez quienes a través del Centro Universitario Correccional de la Cárcel de Bayamón, realizan cursos técnicos de energía renovable, plomería y delineante arquitectónico.

Entre las organizaciones presentes figuraron, Club Cultural Dominicano, Alianza Dominicana, Comité Dominicano de los Derechos Humanos, Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Unión Deportiva, Fundación Misión de Amor, entre otros.

 

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