Tormentoso e “irresistible” el enamoramiento entre primos

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Los primos enamorados suelen enfrentar juicios morales, religiosos, e incluso científicos, que giran en torno a la sexualidad y a las problemáticas de salud y conflictos que podrían derivar de la unión carnal entre dos miembros de la misma familia.

Por Tania Polanco

San Juan, Puerto Rico.- Pese a estar rodeado de polémicas y tabúes sociales, el enamoramiento entre primos sigue siendo una travesura común de Cupido, de la que son protagonistas miles de personas en todo el mundo.

El “flechazo” traspasa corazones, sin importar la raza, cultura, religión o posición económica de los enamorados, quienes, por lo general, se enfrentan a las consecuencias de un amor prohibido.

La psicóloga clínica, Cornelia Margarita Vásquez, con especialidad en el tema de Familia, sostuvo que el enamoramiento entre primos no es nada raro y que, incluso, muchos adolescentes han tenido sus primeras experiencias sexuales con sus primos o primas.

“Este acercamiento se produce porque comparten, juegan juntos, son parte de la misma colectividad y muchas veces tienen los mismos intereses, dijo, subrayando que pese a lo frecuente de este intercambio, razones culturales y sociales lo tildan como peligroso, además de ser prohibido en diferentes religiones incluidas las de fe católica”, afirmó.

El evangelio establece que la relación carnal entre parientes “no genera beneficios, es pecaminosa y está fuera de la voluntad de Dios”. La condena a este tipo de relación está contenida en el pasaje bíblico Levítico 18, que reza : “Ningún hombre se llegue a pariente próxima alguna para descubrir su desnudez”, lo que recae como una crasa advertencia para los fieles católicos.

La psicóloga consultada explicó que el rechazo de la familia y el enjuiciamiento público fomentan temor en la pareja a hacer público sus sentimientos, por lo que la relación es “complicada y tormentosa”.

Precisamente esa  fue la experiencia de los primos Víctor Valentín Batista y Aída Valentín Martínez, hijos de dos hermanos, quienes enfrentaron todo tipo de críticas, advertencias y condena cuando revelaron a sus familiares que estaban enamorados.

En ese momento Aida tenía 15 años y Víctor, mejor conocido como Junior, tenía 18. “Fue bien difícil pues ambas partes de la familia estaban en contra y decían que debíamos olvidarnos de eso porque éramos primos”, sostuvo Aida con la mirada perdida en los intensos recuerdos de aquella época.

Mientras Junior se valía  de cualquier excusa para aparecerse en la casa de su tío José Valentín, hermano de su padre, con la intención de poder ver a su prima Aida.

“En la primera  distracción de mis padres nos perdíamos por el patio para besarnos”, recordó Junior.

La psicóloga, Cornelia Margarita Vásquez, indicó que aunque las relaciones de amor entre primos no se consideran incestuosas están matizadas por una gran carga emocional  que las hace especiales y adictivas: “La connotación de lo prohibido contribuye a despertar una gran pasión y a fortalecer la unión entre los enamorados, lo que los lleva muchas veces a enfrentar la adversidad y luchar por su relación”.

No obstante, según explicó, la mayor resistencia a la relación de pareja entre primos tiene que ver con aspectos de salud, especialmente los relacionados a la posible ocurrencia de defectos de nacimiento, en el caso de que la pareja tenga hijos.

Los hijos nacidos entre primos hermanos tienen una probabilidad de 2 a 3 por ciento mayor de nacer con una enfermedad genética que el resto de la población. Se trata de un riesgo similar al que se presenta en el caso de hijos nacidos de mujeres mayores de 41 años.

Ese amor rechazado, pero irresistible, que flechó los corazones de Junior y Aída se convirtió en un sentimiento tan desbordante y en una decisión tan seria, que, pese a oposiciones, criticas y prejuicios, lograron casarse el día 1 de junio del año 1968, luego de haber recibido una dispensa de El Vaticano y la autorización legal del Estado, representado por el Gobierno de Puerto Rico, para poder casarse.Hoy, con 44 años de matrimonio, dos hijos y seis nietos, la pareja, residente en Trujillo Alto, se reafirma en la decisión tomada de amarse, pero como marido y mujer.

“No nos arrepentimos pues tenemos un familia preciosa y un amor fuerte”, aseguró Aída, de 65 años, con la emoción dibujada en la cara.

Junior, quien desde hace seis meses combate un cáncer de pulmón, pasó el  Día de San Valentín junto a su esposa en el Hospital Auxilio Mutuo donde recibe atenciones médicas.

Al ser cuestionado sobre el significado de Aida en su vida sostuvo: “Ella es mi  compañera, mi esposa, mi pasión, mi vida”, subrayó, tratando de explicar las razones de su controvertido y loco amor.