Miguelito

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Todas las encuestas, incluyendo las del gobierno (aunque no lo diga), le dan una cómoda ventaja  de 15 puntos –poco más, poco menos- al candidato de la oposición Hipólito Mejía, a pesar de los diez mil millones de pesos que ya ha invertido en Danilo Medina.

Por Juan TH

Todo indica que el dinero no será suficiente, que los 40 mil millones de pesos que dijo el presidente Leonel Fernández que gastaría para retener el poder, no serán suficientes.

Los 340 mil millones de pesos del presupuesto nacional no podrán comprar la voluntad popular. El pueblo se hartó  de los funcionarios del PLD, que le cuestan al país, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, cerca del 5% del Producto Interno Bruto,  cien mil millones de pesos.

Por lo tanto, la lucha no es del PRD contra el gobierno,  es del pueblo contra el gobierno. El pueblo quiere un cambio, y ese cambio lo representa Hipólito Mejìa, un hombre comprometido con la población.

El pueblo sabe que votar por Danilo es votar por Leonel.

No hay manera de que el gobierno gane las elecciones. Voto a voto Hipólito gana mucho a poco. El problema es que Leonel parece estar dispuesto a violar todas las leyes y todos los procedimientos éticos y morales para mantenerse en el poder. (Para muestra un solo botón: Un dirigente del PLD, congresista, cercano colaborador del presidente de la República ha comprado un avión de 24 pasajeros por más de veinte millones de dólares).

El gobierno está desarmado políticamente. No ha podido provocar el descenso de Hipólito en las encuestas. Ni siquiera su poder en los medios de comunicación ha logrado su propósito de cambiar la percepción. Recurre a la división del PRD por el hecho de que su presidente no está integrado a los trabajos de la campaña electoral. Ese es su único argumento.

Miguel Vargas tiene en sus manos la posibilidad de terminar con ese juego del gobierno.

Solo tiene que organizar un acto masivo en la cabeza del puente de la 17, donde lo hacía Peña Gómez, para anunciar su respaldo irrestricto a Hipólito Mejía. Y levantarle las manos frente al país.  Ese  hecho lo catapultaría políticamente de cara al futuro, al tiempo de garantizar, en primera vuelta,  el triunfo definitivo del PRD. (¡Otra vez hablé por cien años!)