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¿Qué necesita el hombre moderno para vivir?

Los Grandes intelectuales de la historia de la humanidad no se alcanzaron a imaginar las innovaciones de las que serían objeto sus inventos.

El gran impacto social, cultural y las altas utilidades que generan los productos tecnológicos, se ven reflejados tanto en sociedades industrializadas como en aquellas tercermundistas. Sociedades donde la influencia de dispositivos automáticos- que brindan confort al ser humano y generan flujo de capitales- ha llegado a tal punto que ha nacido una idea errónea de progreso y donde el consumismo desaforado nos induce a pensar que la felicidad está en el mayor número de bienes que se puedan poseer.

“Los ingenieros dicen que se ha inventado una idea nueva cuando se demuestra que funciona en el laboratorio. La idea se transforma en innovación sólo cuando se puede reproducir sin contratiempos, en gran escala, y a costes prácticos” (Semge, 1992, p. 14). Personajes como: Galileo Galilei, Gutemberg, James Watt, Graham Bell, Thomas Alva Edison, Charles Babbage, Michael Farady, los hermanos Wright, John Walker, George Eastman, entre muchos otros inventores, no se alcanzaron a imaginar las grandes evoluciones que tendrían sus inventos, sus inmensas repercusiones económicas y menos aún, el impacto en los sistemas de cultura y creencias tradicionales.

Las innovaciones tecnológicas ocurridas desde la segunda mitad del siglo XX han sido consideradas de igual o mayor impacto que las acumuladas en otras épocas. Este siglo fue testigo del progreso de la Electrónica -con los circuitos integrados de los setenta- y también el avance espectacular en las últimas décadas del desarrollo de la Microelectrónica, que permitió la expansión de la Era de la Informática.
En el siglo XXI toman fuerza las llamadas Nuevas Tecnologías: Biotecnología1 , Microelectrónica y la Ciencia de los nuevos materiales2. Basado en estos conocimientos, el hombre se da a la tarea de construir dispositivos automáticos que le permiten liberarse de la atención y resolución de tareas particulares y dispendiosas.
Las innovaciones se han venido incrementando en progresión geométrica como resultado de la carrera tecnológica en la que participan las grandes compañías, que pueden hacer inversiones de capital en el desarrollo de Ciencia e investigación –apoyadas por sus gobiernos- y después, en maquinaria y equipos para producir sus innovaciones, lo cual les representará, no sólo recoger su inversión sino también obtener grandes márgenes de utilidades.
Esta carrera tecnológica ha llevado a la multiplicación y acumulación de artefactos, bienes y servicios, que son posicionados en los mercados a través de grandes campañas publicitarias cargadas de una gran capacidad de manipulación de conciencias, que crean necesidad y luego inducen a su adquisición con la idea de mantener un status social. Es preocupante ver las tendencias cada vez más consumistas que se evidencian en muchas partes del planeta: la necesidad de tener cosas ahoga al ser humano y peor aún, el tenerlas lo esclaviza. El hombre se entiende en la medida que compra y consume.
Surgen los “shopping centers” y los “free-Shop”, como símbolos del consumismo contemporáneo, con el slogan: Para ser feliz debe ser un comprador. Según el Instituto Worldwatch, el país con más altos niveles de consumo es Estados Unidos, donde hay mayor número de automóviles que personas que tienen permiso de conducción; donde existen extravagancias como grandes supermercados especializados en las necesidades de las mascotas, almacenes abiertos 24 horas, entre otros.

También señala la organización, que mientras casi 3.000 millones de personas sobreviven con menos de US$2 diarios, más de 1.700 millones, o sea más del 25% de la población mundial, ha adoptado un estilo de vida de consumismo y adquisición de bienes y servicios no fundamentales.
Paradójicamente, los países del “Tercer Mundo” cuentan con altas tendencias al consumismo, debido a que este se afianza en la equívoca idea que se tiene sobre el concepto de progreso. Es muy común asociar la noción de progreso con la idea de poseer bienes de marca o de lujo .

En los países más ricos del mundo se observa que entre más ingresos obtengan las personas, más se gasta en bienes, productos y servicios, muchas veces innecesarios. Asi, va aumentando el apetito consumidor con graves resultados, no sólo para el ser humano, sino también para la naturaleza: los bosques, tierras agrícolas, selvas y territorios vírgenes disminuyen para dar espacio a la gente, casas, centros comerciales y fábricas.
Otro factor que aumenta el nivel de consumo en la vida de las personas -y que complementa lo que mencionaba anteriormente acerca de la idea de progreso- es el hecho que los medios se hayan convertido en fines, así por ejemplo, el carro, ya no es el medio de transporte, sino el bien que va a permitir tener o mantener un status y reconocimiento social, es decir se convierte en un fin. Lo mismo pasa con el dinero, que en un comienzo se creó como medida de intercambio, y poco a poco se fue convirtiendo en el fin último de los seres humanos.
Son numerosas y profundas las influencias y transformaciones del gran desarrollo de la tecnología sobre la vida de la sociedad que hacen que se generen sentimientos encontrados: complacencia y a la vez desasosiego, que ya en 1.901 Friederich Nietzche analizaba en su obra La Voluntad del Poder: “La tecnología como fuerza rectora de la sociedad ha alcanzado su punto culminante en el nihilismo cultural”. Destaca cómo los valores tradicionales -representados en esencia por el cristianismo- habían perdido su poder en la vida de las personas. “Dios ha muerto”, ahora solo tiene valor el progreso, la racionalidad y la ciencia. Es el desplazamiento total de lo trascendente para dar paso a lo inmanente y material como fuente de sentido.
Es importante percatarse de las desventajas de vivir a merced de un mundo en el que las personas valen por lo que tienen mas no por lo que son; donde la felicidad -se cree- reside en los bienes materiales que se poseen y donde lo material ocupa un espacio mucho mayor que lo espiritual. A su vez debemos percatarnos que el consumismo con su publicidad desaforada en los medios de comunicación, está creando nuevos sujetos, que no piensan por si mismos, sino que son fácilmente manipulados por medio de falsas creencias de la realidad. Sería bueno que siempre que fuéramos de compras, nos preguntáramos: ¿Qué es lo que realmente necesito para vivir?

La Biotecnología se está proyectando como la revolución tecnológica del “mañana”, sus dimensiones son la manipulación genética de los seres vivos, en el campo de la minería acelerando la producción de soluciones químicas y extracción de minerales, en los alimentos campo en que está en furor y el mejoramiento del medio ambiente.
2 Se está presentando Fibras ópticas, fibras de carbón, nuevos plásticos , láser, el hidrógeno como combustible. Superconductores cuyo desarrollo requiere todavía de mucho trabajo de laboratorio.

Fuente: Revista Expedición Juvenil, Edición N° 3: Culturas Light, Entre ser y Parecer

URL: http://diasporadominicana.com/?p=1978

Escrito por en Oct 30 2011. Archivado bajo Multimedia, Tecnología. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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