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“La pela de lengua” se ha convertido en una auténtica política, hueca, sin soporte discursivo.

Por: Rafael Sánchez Cárdenas

Solían ser personajes del barrio cuya fama no era otra que la de atiborrar a cualquiera, a punta de bocota, con una sarta de calificativos injuriosos o ridiculizantes. Cuanto más rastreros, más deleite del ofensor. “Cuerderos” natos.

En esta campaña asoma esa miseria del barrio. Una licencia inconcebible para el insulto, la injuria o el retorcimiento para ganar. Es la feria del adjetivo. Sin sustancia, sin planteamientos serios.

La nadería y el arte de calificar sin decir alguna cosa.Desacreditar por divisa, como arma primordial de campaña. Se oye y se lee, se difunde por todos lados, como si fuera virtud.

A más de encontrarse todo malo, de que vivimos en la hoguera del infierno, de que las crisis internacionales solo existen en el extranjero y nada, absolutamente, tienen que ver con nosotros; es de preguntarse si ciertamente la tragedia de repetir la historia, por despecho o por olvido, es una posibilidad política.

Si la memoria no es válida, si los discursos y sus programas tampoco, nos queda la comedia de la pela de lengua. Con sus actores sobresalientes. Amantes del increpar a los otros, amenazantes, atropellantes. La seducción de la fanfarronería llevada a extremos.

Y se re-gustan en ese rol de perdonavidas, tragando la honra de instituciones y personas a cuentas de una política del relajo y la ofensa.

Lo penoso, cuando en el barrio un deslenguado mostraba su abuso, no era la infamia en sí. El lamento mayor surgía, cuando la vecindad se tomaba a bromas el atropello. Y reía, irresponsablemente, ante las ocurrencias del ofensor.

Sectores diversos viven esa réplica desdeñable del barrio en la campaña que inicia. Unos tomándose a chistes las pelas de lengua hasta contra el propio Presidente, por ejemplo, otros con la indiferencia de los insensibles.

¿Puede el interés económico, comunicacional o incluso político, permitirse y tolerar la creación de un clima semejante sin consecuencias?

¿Se puede, a modo de ejemplo, atropellar en un mercado a un periodista y callar y ocultar las imágenes sin ningún sonrojo? ¿Cuál es el cuento?

Me luce que el éxito con semejante política solo será posible cuando en Dominicana dejen de existir los Sanchos, con su toque de cordura e inteligencia.

“La pela de lengua” se ha convertido en una auténtica política, hueca, sin soporte discursivo. Es política y estilo que moldea coherentemente a los “enchinchadores” del disgusto. Las propuestas…del otro lado.

 | perspectivaciudadana.com |

rsanchez.cardenas@gmail.com

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Escrito por en Oct 14 2011. Archivado bajo Noticias, Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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